Básquetbol

Isaac Glass se retira del arbitraje

El “Ichi” puso punto final a su carrera luego de 37 años y pasa a integrar la Comisión Técnica Arbitral.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Retirado. Isaac Glass actualmente trabaja en la joyería de su esposa. Foto: A. Colmegna.

Todo comenzó cuando tenía 20 años, allá por el año 1977. Jugaba en la reserva de Hebraica Macabi y entrenaba con los mayores. Entonces, cuando en las prácticas hacían partido cinco contra cinco quedaba afuera y arbitraba la práctica.

Un día en el entrenamiento, Omar Arrestia (un grandísimo jugador) le habló a Isaac Glass y le dijo que haga el curso de arbitraje, que le iba a ir muy bien. Al principio "Ichi" dudó, pero terminó tomando el consejo del "Chumbo". Al año siguiente realizó el curso y abandonó su etapa de jugador.

Se casó dos veces y la primera fue mientras realizaba el curso, por lo que tuvo que rendir el examen libre ya que faltó a muchas clases, pero eso no fue obstáculo. "Lo salvé muy bien", comentó.

Ascendió dos veces en dos años y en 1981 debutó como profesional en el Torneo de Invierno, dirigiendo —junto a Donato Rivas— Aguada-Malvín en el Palacio Peñarol. "Estaba muy nervioso, pero me fue muy bien", comentó.

Seis años más tarde, en 1987, Glass pasó a ser árbitro internacional en una clínica junto a Celestino Toso y Horacio Rivera. Al año siguiente fue designado para un Clasficatorio juvenil para el Mundial Femenino en Bilbao en 1989. Cuatro meses después del Clasificatorio le llegó la citación para irse a Bilbao, donde arbitró la final del mundo de esa competición. Así, en 11 años había pasado de ser un juvenil de Hebraica a dirigir una final del mundo, que si bien era femenino y juvenil, no dejaba de ser una final del mundo.

En 1990, una rotura del tendón de Aquiles lo dejó sin mundial femenino de mayores y Glass tenía una proyección ascendente. "Pensé que la FIBA no me iba a tener más en cuenta", sostuvo.

De ese año, recuerda los Juegos Panamericanos de La Habana, donde arbitró la semifinal entre Cuba y México. Expresó que se caía el estadio. El aliento de los cubanos era conmovedor, esa mirada hacia la tribuna lo marcó hasta hoy. "Se movía todo", dijo.

La frutilla de la torta llegó en el año 1994, cuando "Ichi" fue designado para dirigir su primer mundial de mayores con 37 años. Había dirigido el preolímpico de Portland en 1991, pero lo de Toronto fue lo máximo.

"Cuando un árbitro dirige la final del mundo es un campéon del mundo, no se puede llegar más alto", expresó con alegría el ahora exárbitro. Recuerda ese día como si fuese ayer. El estadio estaba colmado para ver a Estados Unidos y Rusia y Glass tuvo que dirigir a jugadores como Shaquille ONeal y Reggie Miller aquel día. El campeón fue Estados Unidos, pero eso no importa. Ese día, para él el campeón fue Isaac Glass.

Desde 1995 a 2005 participó en todas las ediciones de la Liga Sudamericana y su peor experiencia como juez dice que la vivió en ese torneo en el año 1999, en la final entre el local Franca y Atenas de Córdoba. Pitó un foul para Atenas faltando 10 segundos y el equipo argentino fue campeón de América. El estadio, lleno de parciales brasileños, se le cayó encima, al punto que tuvo que salir rodeado de policías. La cosa no terminó ahí. Los hinchas lo fueron a buscar hasta la puerta del vestuario y luego hasta el hotel donde se hospedaba. "El único momento que estuve tranquilo fue en la sala de embarque del aeropuerto", cuenta.

Curiosamente, dos años más tarde Vasco da Gama (ex Franca) y Atenas se volvieron a encontrar y Glass era el árbitro. "Cuando los jugadores de Vasco me vieron entrar quedaron muertos", sostuvo. Claro, los jugadores eran los mismos de aquella final de 1999, pero no pasó nada.

Pese a ello, nunca se planteó dejar la profesión. El arbitraje jamás fue su único trabajo. Tuvo una fábrica de helados, luego trabajó en una gestora de cobros y desde hace cinco años está en la joyería de su esposa, ubicada en la Galería Cristal.

A nivel local, uno de los partidos más recordados fue aquella final del 5 de febrero de 2007 entre Malvín y Biguá, en la que Glass no pitó una supuesta falta a Martín Osimani y el juego nunca terminó porque los hinchas del playero invadieron la cancha a falta de un segundo para terminar el partido. "No quedé conforme con esa final", declaró "Ichi"

Hoy, con 58 años, hace un balance y sostiene que el básquetbol le dio muchísimas alegrías y pocas amarguras. Vio jugar a los más grandes de Uruguay y del mundo, recorrió mucho países e hizo innumerables amigos. Aquel día de 1994 tocó el cielo con las manos y eso no tiene precio. Llegó a su meta máxima en su profesión.

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