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Hagan lugar en el Salón de la Fama que va Manu

En el homenaje de San Antonio a Ginóbili, Popovich anticipó que el argentino terminará en la elite histórica.

Foto: AFP
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Es quizás, el deportista argentino más grande de toda la historia. Por todo. Nadie más competitivo que él. Nadie más ganador. Nadie más querido por sus compañeros y respetado por sus rivales. Nadie más humilde, solidario. Llegó a lo más alto y su bajo perfil no le permitía soñar con tanta recompensa, con tanto reconocimiento. Dejó una huella enorme, que va desde Bahía Blanca hasta el corazón de Texas. San Antonio lo adoptó como un hijo más. Llegó al techo del AT&T Center y aunque eso sea un logro enorme para el deportista, lo más grande que consiguió es entrar en el corazón de los aficionados. De sus compañeros. De su entrenador.

Manu Ginóbili dijo adiós y le llovieron mensajes emotivos. Agradecimientos cargados de un sentimiento que se fue forjando en horas de entrenamiento, en días de viaje, en partidos ardientes. Recuerdos. Vivencias. Todo forjado por un basquetbolista que una ciudad entera quiere llevar al Salón de la Fama de la NBA. Y es seguro que entrará, porque tiene méritos de sobra para hacerlo.

Para terminar de entender que tiene ganado un lugar de privilegio en la historia de la liga profesional de básquetbol más importante del mundo alcanza con saber la forma en la que les llegó a sus compañeros de batallas deportivas.

Y adentro mismo del estadio AT&T Center, el homenaje de San Antonio Spurs a Manu Ginóbili descubrió algo más que la camiseta 20 en el techo.

El primero en tomar el micrófono fue Tony Parker, de 36 años, quien llenó de elogios al argentino. “Cuando pienso en la manera en la que trabajaste como jugador, solo puedo utilizar una palabra para definirte: sos único. Realmente sos único”. Y agregó “la otra cosa que se me viene a la cabeza es tu espíritu competitivo. Yo no sería el jugador que fui si no fuera por vos. Vos me ayudaste a ser un mejor jugador. Vos nunca fuiste un jugador egoísta. No hay muchos como vos, que jamás tuvo problemas en salir desde el banco de suplentes. Tu humildad nos sirvió de inspiración porque vos decidiste poner al equipo primero. Leyenda, ganaste campeonatos de Euroliga, selección argentina y Spurs. Un honor jugar a tu lado, Manu. Muchas gracias".

Fabricio Oberto, uno de sus grandes amigos, con quien compartió equipo en los Spurs entre 2005 y 2009 y juntos celebraron el anillo de 2007, comentó: "Este es uno de los momentos para los que uno nunca está preparado. El año pasado recibí una llamada a las 10 de la mañana y dije: 'upa, aquí hay problemas'. Terminamos llorando porque ahí me estaba enterando de su retiro. Podio olímpico, podio en Europa, podio en los Spurs. Pero el más importante logro que recibí fue cuando me acompañaste durante mi problema cardíaco. Ahí es cuando uno se da cuenta de lo grande que sos como amigo y como persona", dijo el cordobés. “Me hiciste una mejor persona y un mejor jugador. Tenés toda la vida para disfrutar de tu retiro y nosotros toda la vida para darte las gracias", finalizó Oberto.

Luego Popovich, de 70 años, habló sobre el bahiense y dejó en claro la admiración que tiene por el argentino: "Me convertí en un mejor técnico porque aprendi a callarme y disfrutar de verlo jugar. Un rebote ofensivo, un triple, un recupero. Es un ganador, lo sabía desde temprano. Lo que le importaba era ganar. Le decía: 'Manu, ¿por qué hiciste eso?' Y el me respondía: 'soy Manu, esto es lo que soy'. Después miraba a Tim y a Tony, y con los hombros también me demostraban que no podía decir nada. El equipo se complementaba uno a otro. Si no hubiera sido así, no hubiéramos ganado nada. Y nada hubiera sucedido sin Manu. El increíble deseo de ganar, de exigirse, siempre me deslumbró", remarcó Pop. "La decisión más importante de la franquicia fue que haya llegado Manu Ginóbili, y que haya aceptado ir al banco al comienzo. Y desde allí construyó una carrera que lo llevará sin dudas al salón de la fama. Manu, te amo", cerró Popovich.

El final quedó en manos de Tim Duncan, uno de los mejores exponentes en la historia de la NBA. Ese con el que Ginóbili ganó cuatro campeonatos de la NBA (2003, 2005, 2007 y 2014). "Voy a contar una historia. Yo recibí una llamada de Pop en cuanto terminó ese draft. Terminé viéndolo y seleccionaron a alguien que jamás había escuchado. A un tal "Nanu Gino Bili"", dijo Duncan, de 42 años. El estadio estalló en risas. "Dos meses después yo lo recuerdo en el gimnasio. Y en los entrenamientos le pegaba, le tiraba todo el arsenal. Nunca se quejó y siguió mirando hacia adelante. Para lo que vino, año tras año estuve impresionado con vos. La mayor diversión fue tenerte como compañero y ver la desesperación de Popovich, cuando se enojaba y después se convencía de que lo que hacías estaba bien. Manu, fuiste un visionario porque te anticipabas a lo que iba a suceder. Es un honor estar aquí junto a vos. Te quiero", dijo Duncan.

Fue una noche muy especial. Fuerte. Imposible quedar al margen y jugar un papel de mero espectador. Si hasta en el ingreso al AT&T Center regalaban un paquete de pañuelos descartables con la frase “hay veces en que necesitás pañuelos para decir «gracias»”, y en el empaque, la leyenda “Gracias Manu”. Casi 18.000 personas se rindieron a los pies de Emanuel Ginóbili y todos se enjugaron más de una vez los ojos porque la emoción los dominó.

Fue la noche en la que Manu desnudó su alma. Y e un discurso prolongado, de 19 minutos, en el que intercaló tramos en inglés y otros en español, no ocultó la emoción aunque consiguió evitar las lágrimas. “Jamás me imaginé llegar a esto, no tenía tantas expectativas. Yo quería hacer una buena carrera en Europa, y quizás, también, ganar algo con la selección argentina. Y de repente, me desperté y en un abrir y cerrar de ojos estoy rodeado de estas leyendas hablando de mí, gente a la que admiro, a la que respeto y quiero. Es algo que te vuela la cabeza. Estoy muy agradecido y realmente quisiera estrecharles a cada uno de ustedes la mano, darles un abrazo. Aprecio mucho todo esto”.

El retiro de la camiseta número 20 de San Antonio Spurs fue el cierre ideal para una carrera fantástica, la liturgia perfecta para rendir homenaje a una leyenda, al hombre que reescribió la historia del básquetbol argentino, al bahiense que logró que la NBA se rindiese a sus pies, que en Estados Unidos un estadio se vistiese de celeste y blanco, que sonara el himno argentino en el corazón de Texas y que todos aquí tuvieran una sensación de gratitud eterna al hombre que contribuyó decisivamente para los cuatro anillos de campeón de la franquicia.

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