BÁSQUETBOL

El fenómeno del amateurismo

Cada vez más grupos de amigos se anotan para jugar en torneos formales, en canchas oficiales, con árbitros y mesa de control y trofeos, pero afuera de la Federación.

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Escena del partido La Verde vs. Remeros.

Lejos de las cámaras, sin repercusión en la prensa, cada semana decenas de equipos y cientos de jugadores disfrutan de su pasión por el básquet en canchas oficiales, con árbitros, mesa de control y hasta estadísticas de juego. Es el fenómeno del básquet amateur montevideano, que crece al margen de la Federación Uruguaya de Basketball.

Siempre existieron competencias autónomas, sobre todo en verano, en los viejos tiempos de las canchas abiertas y los desafíos de barrio. Estas nuevas ligas amateurs crecieron al abrigo de la facilidad de comunicación que brindan las redes sociales y llenan el espacio que dejan los más restrictivos torneos de la Federación, donde ya no existe por ejemplo Cuarta de ascenso.

La mayor es la Liga de Basketball Montevideo (LBM), con 45 equipos en cuatro divisionales, pero también lograron su arrastre la Liga ACB, “la más amateur” de todas, y la Liga de Basketball Amateur (LBA). Esta última anunció el inicio de su temporada para octubre aunque no fue confirmado ante la deserción de algunos equipos.

Una de las pocas diferencias con el básquet “oficial” es la duración de los partidos: como se deben disputar varios partidos consecutivos en una misma cancha, estos no pueden pasar de una hora y cuarto, por lo cual el reloj no siempre se detiene, aunque son cuatro cuartos de 10 minutos.

“Yo jugaba en Unión Atlética, me rompí los ligamentos y en casa necesitaba hacer algo. Ya tenía la idea de una liga amateur y empecé a desarrollarla. Pensaba empezar con ocho o diez equipos y arrancamos con 18 en el segundo semestre de 2015”, cuenta Gonzalo Balbuena, uno de los responsables de la Liga Montevideo.

Como había sido jugador, tenía contactos y así la noticia se fue difundiendo. También se hizo publicidad por Facebook. “Lo tomamos como un trabajo. Los participantes saben que juegan y enseguida tienen las estadísticas de cada jugador. De cada jornada hay un informe periodístico y fotos del partido”, explica Balbuena, quien cuenta con un socio, Maximiliano Ramos.

“El 99% son amigos que se juntan para jugar al básquet, sin apoyo de un club establecido. Pero también les sirve para regresar a las competencias. Por ejemplo Paysandú se reactivó con nosotros y vuelve a la Federación. Danubio está empezando con nosotros”, cuenta. De la misma forma, hay jugadores que pasaron por la Liga Uruguaya o el Metro y se mantienen en estado en la LBM. Los mejores equipos y jugadores tienen sus premios, en trofeos y dinero.

BIEN AMATEUR.

Miguel Nieto es el alma máter de la Liga ACB. La sigla significa “Asociación de Competencias de Básquet” pero juega con las letras ACB, que identifican el prestigioso torneo de España.
“Soy el que maneja todo. Fui árbitro por 28 años y algo tenía que hacer cuando dejé. Es que la Federación no le da nada a los exjueces. Aquí hago el gerenciamiento, arreglo el alquiler de las canchas, diagramo los horarios. Lleva bastante trabajo. Calculá que son dos delegados por equipo, entonces el grupo de Whatspapp es de 60 personas”, indica. Por la tarea percibe un viático.

Nieto fue de los iniciadores de la movida con la LBA, pero se abrió porque consideró que había perdido las características de amateurismo que él defiende. La ACB se presenta como la única totalmente amateur. No admite a jugadores que hayan pasado por la Liga o el Metro. Tampoco equipos emparentados con los clubes de la Federación, por eso no pueden tener nombres similares ni usar su camiseta. “No quiero que se parcialicen, porque si no, vienen 50 hinchas y tenemos 49 problemas. Tenemos gente de Olivol y su equipo es Sitio Grande, o Camacuá, formado por socios de Habraica, pero no hay vinculación con los clubes”, puntualiza Nieto.

“Se busca que sean realmente amateurs. Amigos que se juntan para jugar en condiciones iguales que los partidos oficiales: canchas con reloj, pelotas, árbitros, mesa de control, vestuarios con agua caliente”, dice.

Nieto asegura que actualmente hay menos espacio en la Federación para este tipo de partidos porque le resultan más caros debido al gasto en seguridad. “Nuestros partidos son abiertos, pero el que arma bardo no va más. Quien no va a jugar al básquet no tiene lugar, sea un jugador o un equipo. Tenemos un tribunal de disciplina que actúa con jugadores y equipos y los reincidentes se van. Así se puede jugar en armonía”, enfatiza.

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