EPISODIOS INCREÍBLES

Los entretelones del partido más polémico de la historia de los deportes

La final del básquet olímpico de Munich 1972  entre la Unión Soviética y Estados Unidos  tuvo de todo en tres segundos

URSS-Estados Unidos
El momento culminante: Alexander Belov, sin oposición, convierte el doble que le dio el título a la URSS.

La película más taquillera de la historia del cine ruso se estrenó en 2017: se llama Tres segundos y es una recreación de la final del básquet olímpico de Munich 1972 entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Claro, se trata de una apelación nostálgica a los tiempos en que su deporte era potencia, mucho antes que toda la actividad pasara a estar bajo sospecha por el dopaje institucional. Más allá eso, el partido de Munich tuvo todos los ingredientes como para convertirse en un acontecimiento increíble, de película: un resultado impactante, una definición muy polémica, los ecos de la Guerra Fría. Y heridas que siguen abiertas.

En resumen, la URSS le provocó a Estados Unidos en aquel año 72 la primera derrota de su historia en el básquetbol olímpico en los últimos tres segundos, luego de discusiones entre los equipos, los árbitros, la mesa de control e incluso la máxima autoridad basquetbolística internacional. Los jugadores estadounidenses festejaron el triunfo y unos instantes después se quedaron sin nada. Sin nada en forma literal: se negaron a retirar sus medallas de plata, que desde hace casi medio siglo siguen esperando en el museo del Comité Olímpico Internacional en Lausana.

Se asegura que el presidente estadounidense Richard Nixon comentó al otro día la derrota en términos obscenos, en tanto el secretario general soviético Leonid Brézhnev dijo: “Ahora sé que Dios existe”. En 1972, la rivalidad entre las dos superpotencias lo impregnaba todo, incluso el deporte. Justo ese año tuvo lugar el duelo de ajedrez más famoso de todos los tiempos entre Bobby Fischer y Boris Spassky, justo uno de cada país.

También era un partido trascendente en lo deportivo. Estados Unidos había ganado todos los partidos (63 en total) y todas las medallas de oro desde que el básquet es un deporte olímpico (Berlín 1936), incluso alineando solo a jóvenes universitarios, pero en aquel 1972 la URSS presentaba un equipo muy fuerte.

Como estaba previsto, ambos llegaron a la final en Munich, programada para el sábado 9 de septiembre a las 23.30, para coincidir con el horario central de la televisión norteamericana. El Basketballhalle estuvo repleto desde temprano. Sin embargo, el juego no respondió a la expectativa. Los dos equipos se mostraron nerviosos y así, el marcador se mantuvo bastante bajo.

La URSS fue adelante casi todo el partido y llegó a sacar diez puntos, pero EE.UU. fue recortando esa ventaja hasta quedar a un punto (48-49). Vale repasar lo ocurrido entonces, segundo a segundo, tal como lo muestra el video de la final. Hay que imaginar, junto al relato, un ambiente frenético en la cancha y las tribunas, así como la confusión de protagonistas y espectadores ante las diversas decisiones reglamentarias.

Faltan diez segundos. El estadounidense Doug Collins roba la pelota, corre hacia el aro y lo bajan con una falta muy fuerte. Son dos tiros a falta de tres segundos.

—Collins emboca el primero y empata el partido. En ese momento, el técnico soviético Vladimir Kondrashin pide un minuto a la mesa de control. La bocina se demora y no hay minuto. Collins tira por segunda vez y entonces sí suena la bocina. Es otro punto de Estados Unidos, que pasa a ganar 50-49.

—Kondrashin sigue protestando ante la mesa mientras sus jugadores intentan una salida rápida, que el juez brasileño Righetto detiene al ver al técnico soviético en la cancha.

—En ese momento, desde el palco baja a la cancha el secretario general de la FIBA, el inglés Renato William Jones. Mostrando tres dedos, indica a la mesa y los jueces que deben jugarse de nuevo los tres segundos posteriores a la conversión del segundo libre (como si durante una final de la Copa del Mundo de la FIFA entrara al campo Gianni Infantino para anular un gol…).

—Righetto retira a Kondrashin de la mesa, niega el minuto y ordena jugar. Los soviéticos sacan de nuevo desde abajo del tablero y enseguida suena la bocina de finalización del partido. Después se sabrá que fue un fallo del reloj, que no había empezado a correr. Todo el plantel norteamericano festeja lo que cree es su victoria.

—Alrededor de la mesa siguen las discusiones. En medio del griterío general, se advierte que deben jugarse los tres segundos que señalaba Jones. Los estadounidenses esbozan una protesta y amenazan no reanudar el partido. Finalmente se juega.

-Bajo su tablero, el soviético Ivan Edeshko saca largo y fuerte, hacia el otro tablero. Allí espera el pivote Alexander Belov, marcado por los estadounidenses James Forbes y Kevin Joyce. Belov atrapa la pelota, mientras Joyce se pasa y sale de la cancha y Forbes cae.

—En el último instante, Belov está solo bajo el aro para embocar el doble del triunfo: 51-50. Y suena la bocina final. El nuevo resultado cambia radicalmente el ambiente: ahora festejan los soviéticos y protestan los estadounidenses. En la locura general alguien le roba al billetera al técnico nortemericano Henry Iba

—Avanzada la madrugada del domingo, EE.UU. protesta formalmente el partido. De inmediato, un jurado de apelaciones comienza a analizar lo ocurrido a puertas cerradas. Lo integran dirigentes de Hungría, Cuba, Polonia, Italia y Puerto Rico. Miran los videos de todas las incidencias, repasan los reglamentos y luego de ocho horas de debate deciden por voto secreto: gana la URSS. En protesta, EE.UU. deja vacío el podio a la hora de la premiación, una imagen nunca vista en los Juegos Olímpicos.

Hasta el resultado de la votación fue secreto, aunque después se supo que fue 3 a 2. Con tres representantes de países del área socialista y dos occidentales todos supusieron que la política jugó su papel. En 1982, el periodista de El Gráfico Osvaldo Orcasitas entrevistó al delegado italiano Claudio Coccia, quien confesó haber votado a favor de EE.UU. Sin embargo, insinuó que las opiniones del jurado no fueron tan lineales como se sospechó. ¿El delegado portorriqueño votó por la URSS y del lado oriental uno lo hizo por Estados Unidos?

Aquella final, acaso el partido más discutido de la historia del deporte, todavía no terminó, aunque el héroe soviético Alexander Belov falleció apenas seis años más tarde de la final debido a una forma rara de cáncer. Estados Unidos comenzó a pensar en enviar a sus profesionales al básquet olímpico, si bien la decisión demoró 20 años. Las medallas de plata permanecen en Suiza: ningún estadounidense reclamó la suya e incluso el base Kenny Davis puso en su testamento que sus descendientes no deben retirarla jamás. En la Rusia del presente el público sigue gritando aquel doble.


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