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El dramático caso de Delonte West y la cara más oscura de la NBA

Tuvo que dejar de jugar por padecer un trastorno bipolar: ahora es un indigente en las calles de Washington y fue detenido.

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NBA: No siempre es lo que parece; hay otra cara y es triste.

Hace menos de diez años estaba bajo los reflectores de los estadios, compartiendo fama con las más grandes estrellas de la NBA y recibiendo un sueldo millonario. La semana pasada apareció en un video, sentado en una calle de los suburbios de Washington, descamisado y esposado, diciendo cosas incoherentes a la policía. El caso de Delonte West hace hablar a Estados Unidos y también muestra la otra cara de la mayor liga profesional del básquet mundial.

Según un medio digital estadounidense, su excompañero en los Cleveland Cavaliers LeBron James “quedó impactado” con la imagen de West y habría dicho a un socio que gaste “lo que haga falta” para llevarlo a Los Ángeles y ayudarlo a salir de su situación.

La policía confirmó que el individuo que se ve en las imágenes es West. Las autoridades informaron que acudieron al lugar tras recibir una llamada por una pelea entre dos hombres. Al llegar vieron al exjugador sangrando y decidieron esposarlo, aunque la difusión del video fue realizada sin autorización por uno de los policías que intervinieron, lo cual determinó que fuera suspendido.

West, hoy de 36 años, jugó en la NBA entre 2004 y 2012 y ganó unos 16 millones de dólares en salarios. En su carrera, pasó por los Boston Celtics, Seattle SuperSonics, Cleveland Cavaliers y Dallas Mavericks. También jugó en el básquet de China y Venezuela para cerrar en la Liga de Desarrollo de la NBA. También alcanzó notoriedad porque se afirmó que tuvo un romance con la madre de LeBron, pero él siempre lo negó.

Tuvo que retirarse con solo 29 años debido a que sufría un trastorno bipolar que alteraba su estado de ánimo, por lo cual alternaba épocas de tranquilidad con momentos en los que caía en desesperación y angustias, por lo cual perdía el control y cometía desmanes.

Su caso vuelve a poner en primer plano la situación de muchas antiguas figuras de la liga, que luego de años de relumbrón e ingresos de potentados terminan en la calle.

BIPOLAR. Numerosos estrellas dilapidaron sus ganancias en poco tiempo (ver aparte) debido a su ignorancia, al aprovechamiento de inescrupulosos y un pésimo ojo para las inversiones, pero West le agregaba a eso su trastorno.

En una entrevista con el Washington Post hace algunos años, explicó que los médicos le diagnosticaron su trastorno bipolar después de un partido de pretemporada de 2008, en el que arremetió contra un árbitro. Dejó a los Cavaliers durante dos semanas y regresó a Washington, su ciudad natal, donde buscó asesoramiento profesional y comenzó a tomar medicamentos.

Eso coincidió con la separación de su esposa, pocas semanas después de casarse. “Los malos pensamientos aparecieron de nuevo. Este comportamiento autodestructivo me ha estado persiguiendo toda mi vida”, confesó entonces.

Sus problemas aparentemente tienen su raíz en una infancia complicada. Jugaba al básquet en la escuela, pero tuvo que parar por una lesión y eso lo llevó a dejar los estudios. Su madre lo mandó a vivir en el campo con su padre, donde empezó su cuesta abajo, según admitió.

Comenzó con sus problemas policiales en septiembre de 2009, cuando fue detenido por un cambio de carril incorrecto mientras conducía su moto de tres ruedas, no lejos de su casa en Maryland. La policía le encontró tres armas, todas cargadas. Se declaró culpable de dos de los ocho cargos que enfrentó y fue sentenciado a ocho meses de detención domiciliaria, dos meses de libertad condicional y 40 horas de servicio comunitario. La NBA lo suspendió por diez partidos, tras los cuales regresó a las canchas.

West
Delonte West al ser arrestado una vez más por la policía en Washington.

Todo eso comenzó a pesar cada vez más en el ambiente del básquet. Cuando defendía a los Mavericks dormía en el vestuario, porque no tenía dinero ni buenos antecedentes penales para alquilarse un apartamento. Dallas le renovó el contrato para la temporada 2012-2013, pero no llegó a jugar y la franquicia lo suspendió por indisciplina.

El crédito se le fue achicando hasta que llegó el día que nadie quiso contratarlo, pese a que tenía menos de 30 años y buenos números en la cancha. Consiguió entonces un par de empleos que nada tenían que ver con el deporte, por ejemplo como vendedor en una tienda de muebles de Maryland. Para peor, terminó cayendo en la droga.

El sindicato de jugadores lo ayudó y tuvo algunas propuestas para vincularlo como ayudante en cuerpos técnicos, que no caminaron. Fue desapareciendo de los medios, hasta que algunos reportaron haberlo visto durmiendo debajo de puentes o en los alrededores de centros comerciales, además de que sus problemas policiales continuaron tras cometer varios robos.

PROGRAMA. La situación de West seguramente es la más grave entre antiguos cracks de la NBA, pero no la única, al punto que en 2019 la liga lanzó su “Programa Integral de Salud Mental y Bienestar” para prevenir situaciones de riesgo para sus deportistas.

En el alto nivel profesional hay mucha fama y dinero. Los jugadores son atendidos e incluso adulados hasta la exageración. Pero también las exigencias son muy elevadas. Y pese a que se juega en equipo, el individualismo y los problemas de relacionamiento siempre están presentes.

Esta iniciativa de la organización obliga a todos los equipos a tener “al menos un profesional calificado para tratar asuntos de salud mental contratado”, a contar con “un psiquiatra con licencia para ayudar a manejar los problemas de salud mental” y a “diseñar un plan de acción escrito para emergencias de salud mental”.

En los últimos años, luego de que el tema representara casi un tabú en la NBA, comenzaron a conocerse casos. Kevin Love (Cleveland Cavaliers) admitió que había sufrido un ataque de pánico durante un partido. DeMar DeRozan (San Antonio Spurs) confesó a un diario canadiense que incluso cuando mejor estaba jugando tuvo momentos de soledad, ansiedad e incluso depresión.

Más severo fue el problema que prácticamente no dejó que Royce White compitiera en la NBA: un trastorno de ansiedad que le hacía sufrir ataques de pánico, provocado por un trauma que vivió en su infancia, cuando vio a un compañero desplomarse durante un entrenamiento. “Es una enfermedad mental. Es el pánico en estado puro, el peor miedo que puedes tener. Te sientes como si fueses a morir”, declaró una vez. También padece miedo a volar. Se fue a jugar a Canadá y hoy está sin equipo pese a que tiene solo 28 años.

“Es una epidemia en nuestra liga. Estoy hablando de todo, de trastorno de déficit de atención, bipolaridad, ansiedad, depresión...”, dijo John Lucas, exjugador y asistente de los Rockets, que llegó a consumir drogas y alcohol, posiblemente como escape a sus problemas, según considera hoy.

Lucas cree que en el pasado pocos jugadores pidieron ayuda debido al estigma asociado a los problemas de salud mental.

La instrumentación del programa tampoco fue sencilla, debido a que los jugadores reclamaban que sus confesiones a los especialistas fueran confidenciales, cuando algunas franquicias pretendían lo contrario.

Al comentar la iniciativa, el comisionado de la NBA Adam Silver comentó que pese a la fama y el dinero que se mueve, “muchos de estos jóvenes son realmente infelices”.

EEUU

Derroche: millonarios se quedan sin un centavo

 Otro problema de la NBA, compartido con ligas de otros deportes en Estados Unidos, es cómo muchos jugadores dilapidan los millones de dólares que perciben durante sus carreras. Según una investigación de la revista Sports Illustrated, el 60% de los basquetbolistas cae en la bancarrota cinco años después de su retiro.

Entre los gastos de lujo, las “ayudas” a familiares, amigos e incluso conocidos, los divorcios y las malas inversiones, deportistas sin preparación para manejar tanto dinero vieron cómo se esfumaban sus fortunas.

Por ejemplo, Jason Caffey tuvo diez hijos con ocho mujeres diferentes y Shawn Kemp siete, con seis esposas. Scottie Pippen invirtió millones en un avión que no podía volar. y hasta Michael Jordan perdió millones en apuestas, aunque nunca dejó de ser rico.

El caso más patético quizás sea el de Antoine Walker, excampeón con los Celtics. En su carrera ganó entre 90 y 100 millones, pero hoy debe 10 millones. En su apogeo mantenía a 70 personas, compró mansiones, autos y relojes caros, entre otros gastos. Por lo menos, una consultora lo contrató para que dé charlas a deportistas para contarles su experiencia.

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