BÁSQUETBOL

Chau "calidá", sos histórico

Ganador como pocos y con un estilo único, Berardi dejó su huella en el básquetbol.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
En 2007. En los últimos años como director técnico, en Atenas.

Fue un buscavidas, porque —en definitiva— su función como entrenador de básquetbol lo empujó a eso. Vendedor, laburante. Repartió su tiempo entre su pasión por el deporte, y el Sodre. La peleó siempre. Y mucho más desde que en 1997 el corazón casi lo deja fuera de carrera, cuando un infarto en el vestuario del Cilindro Municipal lo sacó del Premundial.

En sus venas corría lo más puro y sano de la calle. Pícaro, de esos que prácticamente se extinguieron, pero que le permitieron a Uruguay escribir las mejores páginas de la historia deportiva.

Inteligente. Decían que no le gustaba entrenar, que sus equipos jugaban al fútbol en las prácticas… ¡si hubiera sido verdad tenían que haber clonado la fórmula porque ganó nueve Federales, tres Sudamericanos de selecciones y dos de clubes! Decían que se llevaba mal con los fenómenos… ¡los dirigió y fue campeón con todos! Lo respetaban.

Decían que era pura intuición; seguro que tenía un sexto sentido muy bien desarrollado, porque manejaba los planteles con habilidad única. Así se transformó en uno de los grandes de la historia e integra la galería de los entrenadores más exitosos de la centenaria Federación Uruguaya de Básquetbol, que fueron distinguidos este año.

El destino quiso que su vida terminara a los 65 años en el lugar y con el entorno que más disfrutaba, cerca de una cancha de básquetbol. El lunes viajó a Buenos Aires, invitado para presenciar el último amistoso de preparación para el Preolímpico entre Uruguay y Argentina. Ayer de mañana se sintió mal, y falleció.

Atrás quedan mil historias. A comienzos de este año sonó el teléfono del periodista. "Hola, te habla Víctor. ¿Qué hacés calidá?", expresó. "Me dijeron que estás escribiendo el libro del Centenario de la Federación. No te olvides de poner el Sudamericano de 1994", comentó. Berardi se refería a la primera y única edición del Sudamericano sub 1,95 metros que se disputó en Asunción y que ganó Uruguay. Fue oficial. Lo organizó la desaparecida Consubasquet y cuenta en el palmarés de la Federación, aunque el tiempo pretendió dejarlo en el olvido, para Víctor —y para el periodista— fue uno de sus tres Sudamericanos de selecciones conquistados. Con toda razón, defendía su historia. De la misma forma que repetía que cuando su calidad técnica no le permitía trascender en una cancha de básquetbol, con 17 años empezó a dirigir en los cebollitas de Atenas y a fuerza de aprender mirando se perfeccionó hasta ser uno de los mejores.

Ganó todo, como pocos. Con los clubes y la selección. Se llenó de amigos. Ese era su tesoro más preciado, y lo repetía a diario. Incluso, cuando su picardía le regaló algún "contra" circunstancial. Hay una anécdota que confirma que estaba en todos los detalles. En las finales del Federal de 1999, dirigía a Welcome, que había levantado el 1-0 de Aguada en una serie al mejor de siete partidos. Estaban 3-3 e iban al último partido. Los últimos tres días previos a la finalísima, Welcome no fue a entrenar al Cilindro. En Aguada no entendían nada; ¿entrenaba en Welcome e iba a jugar en el Cilindro? La cuestión fue que en la última final el que presentaba la pelota era Welcome y, como no estaba reglamentado en aquellos tiempos el detalle de los balones, utilizó una pelota diferente pero aprobada por FIBA que se había utilizado en el reciente Mundial de Maxibásquetbol que se había disputado en Montevideo. Era un detalle para el público, un aspecto clave para los jugadores. Se jugó el partido, bajo protesta, la "W" ganó, fue campeón y firmó el tercer título del cuatrienio.

Después, la fragilidad de su corazón y el cambio generacional, lo fueron dejando a un costado. Miraba mucho básquetbol. Viajaba a los torneos internacionales, lo reconocían en todas partes del mundo y disfrutaba la jubilación. Hasta ayer, cuando se escuchó el último "chau calidá", de Víctor. Quedaste en la historia grande.

En Argentina.

La familia del exentrenador se trasladó ayer a Buenos Aires para trasladar los restos de Víctor Hugo. Hasta anoche no habían confirmado hora de arribo, ni fecha del sepelio.

Berardi, que nació en 1950, estaba jubilado tras 40 años de actividad comercial en La Casa del Botón y TCC, y como funcionario en el Sodre. El último año, tras otra operación en el corazón, lo dedicó prácticamente en forma íntegra al básquetbol, porque integró la Comisión de Honor de los Festejos del Centenario de la Federación Uruguaya de Básquetbol, que celebraron en marzo.

Con Tres décadas como profesional y campeón a todo.

Se formó como entrenador en las juveniles de Atenas y debutó en un plantel principal en Liverpool, en 1978. Su último club fue Welcome, en el Metropolitano de la temporada 2009, luego de dirigir a Atenas en la Liga en 2007 y 2008.

En los clubes.

Dirigió a nueve instituciones, entre 1977 y 2009: Atenas (1977, 2003, 2004, 2007, 2008), Liverpool (1978), Hebraica Macabi (1978-1981, 2005), Verdirrojo (1982), Peñarol (1982), Bohemios (1983-1986), Biguá (1987-1992, 1998, 2005), Welcome (1998-2001), Malvín (2002). En la nota gráfica inferior se lo observa en plena faena en Welcome, club con el que ganó tres Federales y protagonizó el cuatrienio.

En la selección.

Tuvo dos etapas, la primera como asistente de Ramón Etchamendi. "Pirulo me dejó muchas enseñanzas. Yo tenía 30 años y absorbía todo", confesaba sobre el período entre 1981 y 1986. Luego, fue DT de Uruguay entre 1992 y 1997, etapa en la que dirigió 47 partidos.

Sus títulos.

Ganó nueve Federales (Peñarol 1982, Bohemios 1983, 1984, Biguá 1988, 1989, 1990, Welcome 1998, 1999, 2000), dos Sudamericanos de clubes (Peñarol 1983, Biguá 1992) y tres Sudamericanos de selecciones (1994 —sub 1,95 m—, 1995, 1997). Fue sexto en Los Ángeles 1984.

El periodismo, su segunda pasión.

Al mismo tiempo que iniciaba su carrera como entrenador en la década de 1970, se desempeñó como comentarista en CX 38 (Sodre). El relator era Ernesto Taramasco. En los últimos años, alejado de la dirección técnica, regresó a la actividad radial, otra de sus pasiones, confesaba.

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