PASE PROFUNDO

El básquet prendió la alarma en el deporte luego de tres muertes súbitas en un año

Autoridades, médicos y jugadores piden una política deportiva nacional y capacitación que ayude a estar más preparados ante situaciones que no se pueden evitar pero sí prevenir.

La cancha de Montevideo, donde falleción el jugador Ignacio De León. Foto: Leonardo Mainé.
La cancha de Montevideo, donde falleción el jugador Ignacio De León. Foto: Leonardo Mainé.

Marcio Gilardi anotó un doble, se dio vuelta y trotó de regreso a su cancha para ubicarse en posición de defensa. Jugaba con compañeros del Montevideo Basketball Club un amistoso frente a la Sub 23 del equipo. En eso, escuchó el sonido de algo que se caía al piso a espaldas suyas. Algo grande. Alguien. Se dio vuelta y vio desplomado sobre el parquet a su amigo Ignacio de León, de 25 años. Nacho, como lo conocía su entorno, había jugado la noche anterior un duelo como sparring contra Cordón, por la mañana había ido al gimnasio y, tras una sesión de pesas, llegó tarde al partido contra la Sub 23. Llevaba pocos minutos en cancha en el segundo cuarto cuando sufrió un paro cardíaco.

Al ver a su compañero en el piso, otros jugadores corrieron los pocos metros que separan la cancha de Montevideo de la sucursal de la Asociación Española ubicada en el Mercado Agrícola. No supieron explicar qué le sucedía a su amigo a la única empleada de la sucursal. Ella dijo que no podía dejar su puesto de trabajo. Había un desfibrilador en la Española, pero nadie sabía que lo que sufría el jugador de Montevideo era una falla cardíaca.

La de De León, en julio, fue la segunda de tres muertes súbitas en el básquetbol uruguayo en 2020. La primera había sido la de Leandro Paz, de 13 años, que jugaba en las categorías infantiles del Sparta de Minas y falleció durante un entrenamiento en febrero. La última fue en octubre: Juan Pablo Moreno, de 16 años, jugaba en Cordón y también falleció durante una práctica.

Leandro Taboada, presidente de Basquetbolistas Uruguayos Asociados (BUA), había asumido su cargo pocas semanas antes del primer deceso. Estuvo en contacto con los testigos luego de cada episodio. “En todos los casos yo detecto la misma falla: no entendían que estaban ante una falla cardíaca. En los tres casos pensaron que estaba convulsionando”, cuenta. “En todos los casos me dicen: pasa muy rápido, te agarra en un momento en que vos estás disperso, pensando en otra cosa. Habría que apuntar a que la gente esté más instruida, que sepan el diagnóstico lo más rápido posible y que sepan tratarlo”.

Leandro Taboada, presidente de Basquetbolistas Uruguayos Asociados. Foto: Leonardo Mainé.
Leandro Taboada, presidente de Basquetbolistas Uruguayos Asociados. Foto: Leonardo Mainé.

La muerte súbita en deportistas, coinciden los entendidos, es inevitable. Pero es prevenible, y por ahí hay que apuntar. Por otro lado, Daniel Zarrillo, presidente de la Sociedad Uruguaya de Medicina del Deporte (SUMD), recalca que es un problema presente en todo el mundo y es “extremadamente poco frecuente”. La prevalencia entre menores de 35 años es de entre 1 y 1,5 casos en 100.000 deportistas, dice, y se refiere a deportistas en sentido amplio: profesionales, amateurs y quienes practican por recreación. Alejandro Sagasti, coordinador de programas especiales de la Secretaría Nacional de Deporte (SENADE), estima en 300.000 las personas que participan cada fin de semana de algún tipo de actividad deportiva en Uruguay.

En el contexto del deporte, “la muerte súbita se da de manera inesperada en un paciente aparentemente sano”, dice Zarrillo. “Generalmente son deportistas profesionales o personas que hacen actividad deportiva para su salud. Muchas veces sucede en canchas o en ámbitos donde toma una gran notoriedad pública. Hay que encontrar el equilibrio entre lo que significa la posibilidad de enfrentarse a una muerte súbita en el deporte y que esto no retraiga la práctica del deporte”, afirma.

A pesar de que se reconoce el trabajo y la preocupación de las autoridades del gobierno (así como se comprende el contexto en el que la pandemia de COVID-19 demanda la atención más inmediata), los tres casos en el básquetbol uruguayo volvieron a poner el tema sobre la mesa este año y son varias las voces de médicos deportólogos, jugadores y autoridades del gobierno que reclaman por una política de prevención a nivel nacional. Una política que preste atención a “tres engranajes”, al decir de Zarrillo, que hoy funcionan de manera desigual. Sagasti reclama por “un gran plan nacional”.

Electrocardiogramas

El primer engranaje tiene que ver con el examen médico precompetitivo. El objetivo de la evaluación previa a la competencia es detectar patologías y planificar un entrenamiento que no sobre-exija las capacidades físicas del deportista. El electrocardiograma no es un estudio obligatorio para obtener un certificado de aptitud física.

El Dr. Pablo Dos Santos es especialista en medicina del deporte. Trabaja en el área de salud de Gol al Futuro. “Desde la medicina deportiva vemos al electrocardiograma como necesario”, dice, y agrega: “En los deportes que no son de alto riesgo se recomienda el electrocardiograma, algunos exámenes de sangre, consulta con médico deportólogo y cardiólogo a partir de los 35 con ergometría. Antes se pedía a partir de los 40. Desde los 12 años no es obligatorio, pero es recomendado. La tendencia es a hacerlo”.

Pablo Dos Santos, médico especializado en medicina del deporte, de Gol Al Futuro. Foto: Estefanía Leal.
Pablo Dos Santos, médico especializado en medicina del deporte, de Gol Al Futuro. Foto: Estefanía Leal.

El corazón varía en sus características según qué deporte se practique, explica la Dra. Geraldine Rodríguez, médico forense del área de salud de Gol al Futuro y coordinadora de Prevención de Muertes Súbitas en el Deporte (Premude). “No es lo mismo el corazón de un futbolista que el de un basquetbolista. Cambia la pared, el grosor, el tamaño y el patrón del electrocardiograma”, dice.

Explica que desde 2017, el médico que le hace la ficha médica a cualquier mayor de 12 años puede pedir electrocardiograma. “En menores de 12 años el riesgo es muy, muy bajo, por eso no es necesario, salvo que existan antecedentes familiares”, puntualiza. La idea de habilitar a pediatras y deportólogos, entre otros, a pedir electrocardiogramas fue para que “el paciente no tenga que ir sí o sí al cardiólogo para hacerse el electro, que vaya al cardiólogo cuando surge algo en el electro”. Sin embargo, aún queda camino por recorrer en la formación de personal médico de primera línea de atención para “que puedan leer los electros y saber cuándo es normal o no”, dice Rodríguez.

“Ningún deportista debería salir de un examen médico preparticipativo sin un electrocardiograma de reposo”, afirma Zarrillo. “El deporte en sí mismo no es el que produce la muerte, el deporte, practicado en intensidades de moderadas a altas oficia como gatillo de patologías preexistentes que determinan la muerte súbita. Cuando uno habla de prevención, se trata de establecer mecanismos de escaneo que nos permitan a edades tempranas ir a la búsqueda de esas patologías”.

Hay consenso en que la realización de electrocardiogramas a la hora de habilitar la práctica deportiva para un paciente ayudaría a detectar estos disparadores. Sin embargo, Zarrillo afirma que llevar la teoría a la práctica no será fácil. “Implica que todos tengamos que tener un electrocardiógrafo para hacer el electrocardiograma en la valoración, que todos los médicos estén formados para detectar qué es una variación de lo normal, qué es una adaptación al ejercicio y qué puede poner al paciente en la pista hacia una patología cardiológica que predisponga a la muerte súbita”.

Aboga, por otra parte, por un “cambio cultural”. Pide “que la gente no vea al certificado de aptitud física como una traba. La gente lo sigue viendo como un trámite burocrático para poder jugar y no como una política pública de prevención”.

Reacción

La respuesta de los presentes al momento de la falla cardíaca de una persona es el segundo elemento de la cadena de medidas que puede ayudar a prevenir muertes súbitas. Implica capacidad para darse cuenta de lo que está pasando, saber qué hacer ante la situación y hacerlo rápido y bien. A esto se suma la necesidad de tener elementos como los desfibriladores (DEA) disponibles y la velocidad de respuesta de los servicios asistenciales de salud.

“Lo primero es reconocer la situación: sacudís a la persona, lo llamás, si no responde, observás si moviliza el vientre, el abdomen o el tórax, escuchás si respira. Si te da todo negativo, está en paro. Llamás a la ambulancia. Mandás a alguien a buscar el DEA. Comenzás RCP”, enumera Dos Santos. “Con buen conocimiento de RCP y manejo de DEA se logra hasta un 90% de sobrevida”, afirma el médico, rotundo.

La presencia de DEAs en estadios y gimnasios está obligada por el decreto 330/009 que reglamenta la Ley 18.360. Sagasti denuncia que un estudio de la SENADE evidenció una situación “preocupante” en cuanto a “las carencias que hay a nivel de cumplimiento”. Por su parte, la Comisión Honoraria de Salud Cardiovascular realizó la georreferenciación de los DEA disponibles y, a través de la aplicación CERCA, puede verse en el celular dónde está el más cercano. A pesar de esto, como dice Taboada, “vos podés tener el DEA ahí. Pero si no lográs tener a la persona que detecte el problema y que asocie que el DEA es para este problema, va a quedar ahí”. Sagasti concuerda: “Yo puedo poner DEAs por todos lados, pero es un adorno si nadie sabe usarlo”. Además, se han sumado otros problemas en algunas oportunidades: aparatos sin batería, con los parches inutilizables o bajo llave.

Alejandro Sagasti, coordinador de programas especiales de la SENADE. Foto: Estefanía Leal.
Alejandro Sagasti, coordinador de programas especiales de la SENADE. Foto: Estefanía Leal.

Los cursos de manejo de DEA y de reanimación cardio-pulmonar (RCP) son necesarios. “Es fundamental preocuparse porque el personal del club, los entrenadores y los propios deportistas estén formados en reanimación y en masaje cardíaco básico. Ese es el paso sustancial y el que más vidas salva”, dice Zarrillo. Taboada está en línea con esta idea: “No sabés si con la mejor asistencia esa persona muere o vive. Nada garantiza que lo dejes con vida. Pero hay que apuntar, por lo menos, a que la mayor cantidad de gente esté instruida, desde el cantinero hasta los padres”.

Sagasti, desde la SENADE, reclama “un gran programa de capacitación a nivel nacional”. Busca que el RCP sea parte de la enseñanza obligatoria en educación primaria, secundaria y terciaria. “Tiene que ser parte de nuestra cultura”, afirma.

Taboada señala que en los tres fallecimientos de basquetbolistas, “la asistencia médica profesional apareció medianamente rápido, pero no apareció rápido la asistencia humana. Creo que todavía hay muy poca gente capacitada”.

La velocidad de reacción es necesaria, pero no está garantizada por los cursos. “No es fácil, por más formado que uno esté, cuando tenés vínculos emocionales con el chico o la chica a la que le sucede la falla cardíaca súbita. La gente puede quedar bloqueada”, dice Zarrillo. “Es algo en lo que hay que trabajar permanentemente”. Dos Santos coincide: no es suficiente con un solo curso. La situación dramática de tener que rescatar a alguien que está muriendo es algo que pone a prueba cualquier aprendizaje logrado en simulacros o clases. “Se te genera una bola de nieve que tenés que resolver en un minuto”, dice el presidente de BUA.

Estudio

Luego de cada uno de los fallecimientos en el básquetbol, Taboada recibió el llamado de médicos que le pedían que consiguiera la habilitación de las familias para estudiar el corazón de los jóvenes. El permiso para realizar las autopsias. El presidente de BUA prefirió no interferir en el duelo de los familiares.

El estudio de los fallecidos es el tercer engranaje de una política de prevención completa. Rodríguez explica que para realizar una autopsia cuando no se trata de un caso de muerte violenta donde pueda haber algún elemento de criminalidad, se necesita que los familiares hagan el pedido al fiscal.

Geraldine Rodríguez, coordinadora de Prevención de Muertes Súbitas en el Deporte. Foto: Estefanía Leal.
Geraldine Rodríguez, coordinadora de Prevención de Muertes Súbitas en el Deporte. Foto: Estefanía Leal.

“Si la muerte súbita se da en el contexto del deporte y vos no sospechás ninguna intoxicación por psicofármacos, drogas, esteroides, se puede entender que es una muerte natural. Tenés muchas cosas que descartar como médico para decir que fue natural, pero es lo que está pasando (en casos de muerte súbita). Los médicos asistenciales valoran y descartan todo lo que podría ser criminal o con un tinte de muerte violenta, no natural. Y firman los certificados para evitarle a la familia ir a la morgue y todo el trámite judicial”, explica la coordinadora de Premude. “Una vez que esto pasa, se necesita que la familia pida la autopsia, y la familia no quiere saber de nada. Si no es automático el pase al forense, la familia te va a decir que no lo quiere hacer”.

Rodríguez y Zarrillo explican que el estudio del corazón permitiría saber si había alguna cardiopatía congénita, lo que podría dar pie a estudiar a los familiares, por ejemplo.

Conciencia

Los entrevistados coinciden en que el fallecimiento de los tres jugadores no implica una prevalencia de la muerte súbita por fuera de las estadísticas. Por otro lado, los casos de deportistas que deben abandonar la actividad que practican por detección de patologías cardíacas son una ínfima minoría. Lo necesario es encontrarlas lo antes posible con medicina preventiva para depender menos de la medicina reactiva, explica Zarrillo.

El presidente de la SUMD confía en que la tecnología ayude a controlar mejor a deportistas profesionales, pero le preocupa especialmente el deporte amateur: “Nosotros temblamos con los papi fútbol de los fines de semana, con los mami hockey, mami handball, porque son poblaciones por encima de los 35, 40, 45 años y los exámenes médicos pre participativos para ellos son casi inexistentes”.

Las muertes súbitas “desgraciadamente toman estado público frente a un hecho puntual y después la atención tiende a dispersarse con el paso del tiempo”. Taboada, en nombre de la BUA, coincide: “No podemos esperar a que haya otro caso para que vuelva a estar el tema arriba de la mesa. Siempre pasa: la primera semana es llamado para acá, para allá, y pasa el tiempo y empieza a haber otras urgencias, otros problemas y esto queda para atrás”. La FUBB comenzó esta semana a practicar electrocardiogramas a los jugadores de las sub 15 de los equipos de básquetbol. La medida es fruto de un acuerdo con Centel Asistencia, anunciado a principios de setiembre tras el fallecimiento de Moreno, el jugador de Cordón.

La experiencia Gol al Futuro y la posibilidad de llevarla al básquet

El programa Gol al Futuro (GAF), de la SENADE, está enfocado a la formación integral de futbolistas juveniles. Abarca a entre 4.000 y 4.500 jugadores de equipos de fútbol masculino y femenino desde sub 14 hasta sub 19. Cuenta con un área médica, donde trabajan Dos Santos y Rodríguez, que tiene desde hace 13 años, entre otras responsabilidades, la prevención de la muerte súbita a través de Premude.

Brinda cursos a lo largo del año de reanimación cardio-pulmonar/cardíaca básica (RCP y RCB) para personal de los departamentos médicos de los clubes, cuerpos técnicos y, a veces, jugadores, explica Dos Santos. Estos cursos los da el Centro de Capacitación Regional y Atención a Emergencias (CECARE), pero GAF apunta a capacitar a sus propios formadores. El programa otorgó DEAs a todos los clubes, cuyos equipos de sanidad pasaron a estar a cargo del mantenimiento de sus respectivos aparatos.

Rodríguez explica las etapas del examen al que se somete a los futbolistas: “Un examen clínico con un interrogatorio de antecedentes personales familiares (hipertensión, diabetes, infartos, casos de muerte súbita), enfermedades que tenga ese juvenil; se le hace un electrocardiograma a todos los juveniles, una ecocardiografía y un examen cardiovascular: se ausculta el corazón y se valora la presencia y calidad de los pulsos. En esas etapas se evalúa al juvenil completamente desde el punto de vista cardiovascular”.

Sobre la posibilidad de llevar estos procedimientos al básquetbol, Sagasti es claro. “Nos reunimos con la FUBB y establecimos la posibilidad de hacer este tipo de mediciones. Estamos en un compás de espera porque el básquetbol es muy dispar. En el básquetbol juvenil hay clubes que ni siquiera tienen médico. Son muy grandes las carencias que hay. El deporte uruguayo está en un debe muy grande en ese tema. En la medida en que aumenta la actividad deportiva y es cada vez más exigente, si no tomamos medidas preventivas, vamos a seguir con este problema”. El coordinador de programas especiales de la SENADE propone, como ejemplo, tomar 10 pesos por entrada al básquetbol para la creación de un fondo para financiar equipos y formación. “No son números imposibles”, asegura.

Por otro lado, Rodríguez afirma que los cursos que brinda GAF a futbolistas son cursos que están disponibles (a través de CECARE y otras instituciones) para cualquier institución deportiva: “Nosotros estamos abocados a un programa integral del juvenil de fútbol. Pero los demás deportes pueden pedir estos cursos. Hay clubs que los hacen, otros que no. Deportistas que los hacen, otros que no. Depende de la concientización de cada uno”.

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