MI OPINIÓN

Fanático de la historia

"NANDO" PARRADO

NANDO PARRADO

Me seduce la historia de los deportes motorizados, admito que tengo más libros sobre el tema de los que mi querida Veronique desearía, ya que ocupan estantes y mesas por toda la casa.

Me remonto a la época romántica, con los Grandes Premios disputándose en circuitos como Spa, Nurburgring y Rouen-Les-Essarts, y en donde ¡las chicanas no existían!. Pasar por la curva de Masta en Spa a 300 kph, y con postes al costado, era una hazaña digna de gladiadores. En 1961, con la introducción de una nueva especificación de motor de 1500cc, los vehículos de competición no lograban deslumbrar por su porte ni potencia, aunque las carreras eran magníficas y disfrutables.

Los alerones no se habían inventado aún, y la velocidad en una curva dependía del delicado uso que el piloto le diera al acelerador… por sobre todo lo demás. Ya en 1966, la Fórmula Uno aumenta la cilindrada de los motores a 3.000cc. Ahora los autos de competencia desarrollaban más potencia, brindando un espectáculo colmado de emoción y disfrute para los espectadores. Ese mismo año, el piloto australiano Jack Brabham, se consagra campeón del mundo a bordo de un vehículo que llevaba su nombre.

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