entrevista

Tonga Reyno: “Quiero ser el Artigas de las artes marciales”

El “Tonga” se hizo popular por sus peleas en EE.UU.; ahora prepara su primer combate profesional en Uruguay, el 13 de febrero

Meta. “Estoy dispuesto a sacrificar lo que sea para llegar a lo más alto”, dijo el Tonga Reyno.
Meta. “Estoy dispuesto a sacrificar lo que sea para llegar a lo más alto”, dijo el Tonga Reyno.

Gastón “Tonga” Reyno habla rápido y con ganas. Escuchándolo, el cronista no sabe si admirar su determinación para vencer mil obstáculos buscando cumplir su sueño, o tomarse la cabeza por la forma en que arriesga su vida y su salud en cada pelea.

Reyno es peleador en Bellator, con sede en Estados Unidos aunque ha combatido por todo el mundo. Se trata de una de las principales organizaciones profesionales de las artes marciales mixtas (MMA por su sigla en inglés), un deporte que crece entre el entusiasmo de algunos y la alarma de otros. En ambos casos, por su violencia. “Tonga” superó una infancia llena de problemas físicos, que le dejaron grandes cicatrices de operaciones en el abdomen y provocaron el miedo de sus padres, al punto que durante mucho tiempo combatió a escondidas de ellos.

Hoy son sus hinchas, aunque no dejan de sufrir con cada pelea. El 13 de febrero se dará un gran gusto: peleará en Punta del Este contra un rival a designar. Será su primera presentación profesional en Uruguay.

Nunca estuve tan entusiasmado por una pelea, nunca.

Quiero que llegue ya el 13 de febrero. Me imagino a mi familia festejando. Me siento como una quinceañera esperando que llegue su fiesta. Así me siento, quiero que llegue el día. Por eso voy a sacrificar la Navidad, fin de año. Quiero asegurarme de que voy subir como un toro. No puedo decir que no voy a perder, porque siempre está la posibilidad, pero voy a minimizar los riesgos.

Desde niño soñé un estadio lleno gritando “¡Uruguay, Uruguay!” por mí.

No estoy acostumbrado a eso. Cuando peleo y gano hay silencio en el estadio. Algún uruguayo que grita, pero son pocos. En cambio esta vez van a ser todos.

Las artes marciales están creciendo en Uruguay.

Cada vez que vengo veo más gimnasios, más chiquilines practicando. Y veo el buen nivel que hay. Ya se cuidan con la dieta, me preguntan sobre el corte de peso y aspectos técnicos que, a su edad, yo no tenía ni idea. En pocos años vamos a tener un montón de peleadores.

Vive en Kansas, donde tiene un gimnasio, pero se mudó a Santa Mónica (California) para trabajar con los mejores entrenadores y practicar con los mejores peleadores. “Para ser un león, hay que andar entre leones”, dice. Tiene un contrato con Bellator y cobra por pelea realizada, aunque si gana categóricamente (por nocaut o por sumisión) recibe bonos que multiplican esa cifra. Asegura que le ha ido muy bien económicamente. Lleva hasta ahora 13 peleas, de las cuales ganó 11.

Este año gané un campeonato de jiu jitsu.

Venía de una derrota y me dijeron que si quería ganar confianza, tenía que ir y ganar un torneo pura y exclusivamente de jiu jitsu. Porque mi fuerte son las patadas, los codazos, las piñas. Y me animé a competir sin usar nada de lo que es mi fuerte, sino llaves y derribo. Le gané a mis oponentes y me sirvió mucho. Antes hacía mis peleas parado, porque cuando uno es golpeador quiere golpear parado y que no lo tiren al piso. Me pasaba que no me animaba a tirar un golpe fuerte por miedo a que me tiraran. Ahora gané confianza y se va a ver el 13 de febrero.

Peleo en peso pluma, con 66 kilos 600. Pero en realidad mi peso habitual es de 80 kilos.

Es sacrificado bajar, aunque todos hacen el corte de peso. Pero es el motivo por el cual llego. No tengo tanto talento, lo mío es más disciplina y sacrificio. Ese corte de peso es un filtro, porque hay muchos talentosos que no están dispuestos a hacer ese sacrificio y por eso no llegan o pelean con la desventaja de ser más débiles que el rival. Yo soy un agradecido al corte de peso. Cuanto más sacrificio, cuanto más difícil sea, mejor para mí.

El corte de peso es un proceso.

Empiezo con una buena dieta. No tomo refrescos, no como pastas ni asado. Es fundamental la última semana. Me tengo que sobrehidratar: tomo ocho o nueve litros de agua por día y corto el sodio. Veinticuatro horas antes del pesaje no tomo ni como. Me ponen en piscinas de agua caliente con iodo y cremas que ayudan a la sudoración y pierdo unos 10 kilos en un solo día. Y después los recupero en 24 horas, porque el pesaje es el día anterior a la pelea. Tomo suero, bebidas isotónicas, por supuesto agua. Y al rato como. Eso sí, no se puede comer de golpe porque los intestinos están deshidratados. Así llego a pelear con 77, 78 kilos. Y me siento espectacular.

A la larga, el corte algo te debe hacer, sin dudas…

Pero yo estoy dispuesto a sacrificar lo que sea para llegar a lo más alto. Si no, me estaría mintiendo. Si quiero ser el mejor de todos tengo que hacer ese sacrificio. Al ser un deporte tan joven, en realidad no se saben bien las consecuencias del corte de peso. Todos sabemos cómo quedan los boxeadores con 50 años, luego de todos esos golpes en la cabeza. No te voy a criticar ese deporte, pero esto no es como el boxeo, donde uno recibe constantemente golpes en la cabeza. Acá están más repartidos. Pero con el corte de peso todavía no se sabe. Capaz que tiene consecuencias testiculares, en los riñones, pero sea lo que sea, lo que tenga que sacrificar, lo voy a hacer, porque quiero ser el José Artigas del MMA.

La primera vez que estuve en una jaula fue una sensación rara.

Me sentí como desnudo, solo. Quizás por el miedo a lo nuevo salí a matarlo al rival y lo noqueé a los 47 segundos. La segunda pelea creo que la gané al minuto. Y ya después, cuando iba ganando experiencia, mi caja de herramientas era cada vez más grande. Al principio lo único que tenía eran patadas. Después le agregué los puños, los codos, las rodillas, la sumisión. Y ahora creo que tengo una caja de herramientas bastante completa.

Nunca me peleo por la calle.

Es difícil hacerme calentar, hay que hacer mucho esfuerzo. No tomo, no salgo, cuando juego al fútbol lo hago con amigos… Nunca fui agresivo. A la jaula subo riéndome, Incluso antes le daba un beso al rival y al juez, acostumbrado a lo que se hace en Uruguay. Mis padres me enseñaron a ser educado… Pero allá me dijeron que eso no se acostumbra. No lo hagas más, me advirtieron. Con los rivales nos cruzamos muy seguido, conocemos hasta el nombre de nuestros abuelos. Habrá algún caso puntual en que dos rivales terminaron insultándose, pero en 99% de los casos nos abrazamos. Eso sí, no tengo problemas para patearlo en el piso durante la pelea, porque si no lo hago yo, lo hace él. Estamos jugando con nuestro sueldo. Es la comida de mis hijos, que no tengo pero tendré algún día. Suena la campana y no transo.

Acá soy popular porque los uruguayos somos una familia de tres millones y nos apoyamos entre todos.

A mí me pasa que si hay un uruguayo compitiendo en cualquier cosa, en carrera de embolsados, yo soy hincha del uruguayo. Es un tema cultural, no pasa en otros países. Hay peleadores que tienen fans, yo tengo amigos que me dan para adelante.

En la jaula tengo tiempo para pensar y mirar las tribunas.

Una vez estaba el Gucci y me gritó: “¡Borrale las pecas!”, porque el rival era pecoso. Me empecé a reír en el medio de la jaula. Ahí escucho todo lo que dicen. Los que vayan a verme el 13 de febrero que griten, que yo los escucho.

Aspiración: pelear hasta con espada en el Coliseo

l Reyno participa en peleas de la empresa Bellator. La otra gran organización de las artes marciales mixtas es la UFC. Y llegar allí también es su aspiración. “Quiero decirle a mi nieto: tu abuelo peleó taekwondo, kickboxing, muay thai, Bellator, UFC… Se sacó las ganas de pelear todo. Si hubiera peleas a espada en el Coliseo, también lo hago”. Pero aclara que no compite por agresivo: “Lo veo como un juego de ajedrez, superar al rival con diferentes técnicas”.

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