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Una cancha de golf perdida en Sayago

El Montevideo G.C. fue pionero del deporte en el país, obtuvo títulos internacionales pero sufrió tragedias y mudanzas, hasta desaparecer en un rincón suburbano.

Hoy, la zona luce así, a pocos metros de la avenida Garzón y siempre con el ferrocarril como elemento distintivo.
Hoy, la zona luce así, a pocos metros de la avenida Garzón y siempre con el ferrocarril como elemento distintivo.

Juan Carlos Dapiaggi fue un golfista profesional uruguayo, de muy extensa carrera tanto en la competencia como en la docencia. Él conoció de primera mano toda la historia de su deporte en Montevideo, desde la primera cancha del Club de Golf del Uruguay, antes que el célebre Alister Mackenzie la rediseñara en 1930, hasta la breve, intensa y desafortunada trayectoria del Montevideo Golf Club.

Después de los torneos, Dapiaggi solía compartir con sus alumnos y amigos los recuerdos de su carrera, que justamente comenzó cuando era niño en el Montevideo G.C., el club fundado por la colectividad británica pionero de la actividad en el país.

Más allá de las vías. En la foto aérea de los años ‘30 (abajo) el club era un rincón deportivo en pleno campo.
En la foto aérea de los años ‘30 el club era un rincón deportivo en pleno campo.

Las imágenes que Dapiaggi guardó de aquellos tiempos se fueron con él, pero las memorias anuales del club y las crónicas de la prensa británica permitieron reconstruir la saga de los ingleses del golf. Quedaba un capítulo por completar: la ubicación de la última cancha que tuvo este club. Dapiaggi la situaba en un paraje de un entonces campestre Sayago, junto a las vías del ferrocarril. La aparición de una antigua foto aérea de la zona permitió confirmar el lugar exacto.

A pocos metros de la avenida Garzón, el lugar todavía mantiene cierto aire suburbano, aunque nada hace recordar que allí hubo hoyos de golf. El entorno ha cambiado, salvo el pasaje de las vías.

El origen.

El origen. En la última década del siglo XIX, el gran descampado de Punta Carretas representaba uno de los centros deportivos de Montevideo. Allí iban los primeros futbolistas, pero también golfistas. Casi todos eran residentes británicos, jerarcas o funcionarios de las compañías de capitales ingleses que por esos días brindaban los servicios de gas, agua, electricidad, seguros, finanzas o transporte.

Un grupo de ellos fundó en 1896 el Montevideo Golf Club, que inauguró su cancha de nueve hoyos el 2 de abril de aquel año. Thomas William Thomas, alto funcionario de la Compañía del Gas, fue elegido presidente. El primer torneo se organizó el 24 de mayo y lo ganó Ernest Osborne Crocker, estadounidense, abuelo de quien sería la mayor golfista uruguaya, Fay Crocker.

Los socios del Montevideo G.C. resultaron, al parecer, muy buenos jugadores, pues uno de ellos, George Barker, ganó reiteradamente el Campeonato del Río de la Plata, tanto en Argentina como cuando se hizo en Punta Carretas, en 1900. También empleado del gas, muy poco después fue trasladado a Río de Janeiro, donde falleció de fiebre amarilla.

Más allá de los torneos, las cosas no salían bien para el Montevideo G.C. El 15 de agosto de 1899, feriado por tratarse del día de Santa María, los golfistas se estaban cambiando en la casilla que constituía la sede del club cuando de pronto llegó un gran ciclón. Hubo destrozos por toda la ciudad, naufragios en el Plata y en Punta Carretas, dos muertos: un cochero de la estación de tranvías y Henry Stanley Bowles, golfista y además futbolista. Thomas, en tanto, se rompió una pierna.

Los socios del Montevideo G. C. reconstruyeron su sede, pero en 1904 tuvieron que cambiar la cancha de lugar -aunque siempre en Punta Carretas- cuando el Ejército requirió el predio para instalar un polígono de prácticas de tiro, en plena guerra civil. Como los propietarios de los terrenos comenzaron a aumentar el precio de los alquileres, los golfistas empezaron a pensar en otro punto de la ciudad para asentar su club.

Mudanzas.

Así fue que en 1909 los británicos se fueron un campo de 43 hectáreas al norte, entre la avenida Burgues, la calle Chimborazo y el arroyo Miguelete, donde existía una quinta muy arbolada. Pedro Dapiaggi, un inmigrante italiano, vivía cerca de allí. Sus hijos comenzaron a acercarse al club para trabajar como caddies. Y uno de ellos, Juan Carlos, terminó ligado para siempre al golf.

A mediados de la década de 1920, sin embargo, el Municipio resolvió instalar en ese mismo lugar el Cementerio del Norte. El drástico cambio de destino del predio obligó al Montevideo G.C. a mudarse una vez más. El destino elegido fue Sayago, pegado a las vías férreas. Justamente, el tren hizo nacer al barrio, cuya estación se convirtió desde 1869 en el empalme de varios ramales que conectaban con el interior del país. Y puede deducirse que la compañía del ferrocarril, de capitales británicos, haya colaborado con el club. Por lo pronto, creó una Parada Golf para facilitar el acceso.

Los ingleses tuvieron que adaptar el pequeño terreno disponible al golf, que tuvo nueve hoyos pero más apretados que nunca. La entrada se encontraba sobre el Camino Santos, contigua a pequeñas quintas. Un green de práctica circular era lo primero que veían los visitantes. Atrás, el club house. Dos hileras de árboles, ya crecidos cuando se armó la cancha, separaban algunos hoyos. Los greens eran de formas simples y los bunkers angostos como trincheras.

Sin embargo, ya existían entonces dos canchas de 18 hoyos en la capital: la del Club de Golf del Uruguay, en el mismo sitio de Punta Carretas que debieron abandonar los ingleses, y la del Club de Golf del Cerro, entonces denominado Chimont, construido por empresas frigoríficas estadounidenses. Era una competencia demasiado grande para el Montevideo G.C., que desapareció hacia 1935 sin hacer ruido.

Un impreciso día de los años ‘30 desde un avión tomaron fotos de la zona, con especial atención al trazado de las vías. Esas fotos fueron rescatadas por el investigador de la historia ferroviaria Fabián Iglesias, reproducidas por la página web Historias y memorias de Villa Sayago y permitieron descubrir el emplamiento exacto del Montevideo G.C.

Tras la partida de los golfistas, el predio siguió vinculado al deporte: fue campo de cricket, luego de polo y finalmente se armaron varias canchas de fútbol, aunque se lo siguió llamando Campo de Polo. En tiempos más recientes, en el exacto emplazamiento del golf se abrieron algunas calles y se construyó un complejo de viviendas de la cooperativa Covimintss, entre árboles y juegos infantiles.

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