JUEGOS OLÍMPICOS

Para que el maratonista etíope pueda pedir asilo, recaudaron US$ 50.000

Feyisa Lilesa cruzó la meta con los brazos cruzados sobre su cabeza, lo que llamó la atención; pertenece a la etnia oromo: "El gobierno nos persigue y nos encarcela, debo dar a conocer lo que nos pasa", explicó después. Se han recaudado US$ 50.000 para que pueda pedir asilo.

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Feyisa Lilesa cruzó la meta con los brazos cruzados sobre su cabeza. Foto: Reuters.

Cruzó la meta con los brazos cruzados sobre su cabeza, un gesto que en principio muy pocos alcanzaron a entender. Pero el etíope Feyisa Lilesa, medallista de plata del maratón olímpico de los Juegos de Río de Janeiro, se encargó de explicar más tarde: era una protesta contra la situación de la etnia oromo en su país.

"Fue una protesta, porque soy oromo, y en Etiopía los oromo somos reprimidos por el gobierno. Nos matan y nos encarcelan, somos sospechosos por el simple hecho de ser oromo. Tengo parientes presos y llevaré la protesta de mi gente allí adonde vaya", denunció.

En un inglés de difícil comprensión y en una conferencia de prensa que lo tuvo como estrella absoluta, por encima de tiempos y medallas, Lilesa relató los problemas de su pueblo.

"En Etiopía hay 15 millones de oromo y el Gobierno nos obliga a dejar nuestras tierras, nos encarcela, nos mata. Yo les pido que ustedes, los periodistas, que hablen de la democracia que no existe en mi país, y de los intereses económicos que apoyan la represión de los oromo", reclamó.

La etnia a la que pertenece Lilesa es una de las más numerosas de África, y también de las más castigadas. En Etiopía, los amhara, etnia minoritaria, ha gobernado el país desde el proceso de descolonización y mantiene desde los años 70 una guerra de baja intensidad contra los oromo, que durante estos años se han organizado en diferentes frentes de lucha armada. Se estima en 2,5 millones la cantidad de refugiados oromo en países vecinos como Somalia y Eritrea.

Lilesa admitió que su propia seguridad corre riesgos en Etiopía. "Si vuelvo, sé que podrían encarcelarme o incluso matarme, es algo que ya he discutido con mi familia. Pero yo represento a mi pueblo y creo que debo dar a conocer lo que nos pasa", dijo el ganador de la medalla de plata. "También podría ocurrir que no me dejaran pasar del aeropuerto. De hecho, todavía no tengo decidido si voy a volver a Etiopía o quedarme en otro país", afirmó.

Eliud Kipchoge tuvo palabras de apoyo a la lucha de su compañero en el podio, y los aplausos fueron brotando en la sala de prensa del Sambódromo a medida que Lilesa iba explicando su situación personal y la de su pueblo.

Lilesa restó trascendencia a la posibilidad de que su gesto le cueste una sanción del Comité Olímpico Internacional (COI), que suele ser muy poco permeable a las manifestaciones políticas durante los Juegos.

"Hay demasiados problemas en mi país, donde todo es muy peligroso, y yo seguiré protestando por los presos oromo porque esa es mi tierra", sostuvo con firmeza el atleta etíope, cuyo gesto ya ingresó a la galería de los inolvidables de Río 2016.

Movida solidaria

Una campaña realizada a través de internet ha logrado recaudar casi 50.000 dólares en menos de 24 horas para que Lelisa pueda pedir asilo en Estados Unidos u otro país, tras realizar su polémico gesto.

Ante el revuelo creado en las redes sociales, fuentes gubernamentales aseguraron este lunes a la prensa local que el atleta "no será imputado por sus opiniones políticas", según declaró al periódico Fana el jefe de la Oficina de Comunicaciones del Gobierno etíope, Getachew Reda.

"Llamamos a todos los etíopes y defensores de los derechos humanos a que hagan contribuciones para apoyar al atleta Feyisa Lelisa, que mostró un gran heroísmo al convertirse en un símbolo internacional para las protestas oromo", reza el texto de la campaña.

Este movimiento espontáneo logró en apenas 18 horas recaudar prácticamente la totalidad de los 50.000 dólares que tenía como objetivo.

Los oromo llevan meses protestando por lo que consideran una persecución injustificada por parte de las autoridades etíopes y hasta el momento ha habido más de 500 muertos desde el inicio de las manifestaciones, según las estimaciones de varias organizaciones, entre ellas Human Rights Watch (HRW).

El Gobierno etíope detiene de forma periódica a intelectuales y figuras prominentes entre los oromo porque teme que su influencia política puede animar a la población a revelarse contra la administración.

Protestas similares se registraron en abril de 2014, cuando también se produjeron muertes, heridos y detenciones masivas de manifestantes.

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