Hubo sólo siete detenidos por desórdenes y pedreas

Tuvieron la fiesta en paz

En las tribunas, el clásico fue una fiesta. Aún entre los perdedores, que cuando faltaban pocos minutos para el final, seguían alentando a los suyos.

Peñarol ganador del clásico y aparecen los fuegos artificiales. Foto: Ariel Colmegna

Silvia Pérez

Obviamente, los que más disfrutaron fueron los "manyas", que se fueron del estadio plenos de felicidad y sin voz de tanto cantar por sus colores.

La Colombes y la Olímpica se vistieron con cientos de banderitas de tres colores: un color en cada anillo. Y en la Olímpica formaron dos mosaicos representando las banderas de Uruguay de Artigas.

Desde la Amsterdam miles de globos y cilindros amarillos y negros saludaron a Pacheco y sus compañeros. La cohetería fue la permitida por Bomberos, Y salvo algunas bengalas que se le colaron a la policía, todo transcurrió en orden.

A propósito, los siete detenidos, cinco antes del partido y dos después, por desórdenes y pedradas, hacen que la policía considere un éxito el operativo de seguridad llevado a cabo en el partido clásico.

Los hinchas hicieron caso de las recomendaciones policiales y concurrieron temprano al Centenario. Antes de las 15:00 horas ya había mucha gente en las puertas de la Amsterdam. Varios policías se ocupaban de la revisación, mientras que otros de a caballo, apostados tras las vallas no se perdían ningún detalle.

Los "elegidos" para la espirometría, no podían sobrepasar los 0, 5. Nadie se molestaba, ni cuando los revisaban, ni cuando les obligaban a deshacerse de las botellas de refresco que llevaban, aunque no fueran de vidrio. Tampoco cuando les retiraban los mástiles de sus banderas. A un hincha le hicieron sacarse los zapatos y darlos vuelta. No tenía nada y pudo entrar.

Un perro callejero negro que rengueaba casi se cuela por la puerta número 9 de la Amsterdam. Un policía lo vio y no quiso otra presencia perruna en la tribuna. Alertó a sus compañeros. "¡Saquen a ese perro!", les gritó. El "pichicho" huyó despavorido.

Los que estaban molestos eran los hinchas tricolores que se dirigían a la Olímpica. Sólo una boca entre los vallados les permitía entrar. Algunos hicieron una hora y media de cola. Al final, ante sus quejas abrieron otro pasaje. En los sectores de los hincas "bolsos", un buen número de funcionarios de seguridad del club, debidamente identificados, colaboraban con los policías.

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