CHINA

Poyet piensa que hay futuro

El entrenador del Shanghai Shenhua brindó una entrevista en el que habla del fútbol chino, las razones por las que tiene problemas en la selección y detalles de la competencia.

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Gustavo Poyet en el Betis-Deportivo. Foto: EFE

Un trabajo en una cancha reducida del que participan juveniles y el colombiano Giovanni Moreno, el último acto del entrenamiento en el complejo deportivo Kongqiao, de Shanghai Shenhua, en la zona sur de la ciudad. Ahí, en la periferia, a tan solo 20 kilómetros del centro, aunque dependiendo del tránsito se necesitará como mínimo media hora en auto para desandar la distancia, un espacio verde con nueve campos de fútbol, uno con pequeñas tribunas de cemento, un edificio que sirve de concentración, con sala de rehabilitación, comedor y cafetería, lavandería y varias oficinas, componen el marco del club que entrena Gustavo Poyet y que tiene como máxima figura a Carlos Tevez.

De 49 años, el director técnico emprende un nuevo desafío en la millonaria Súper Liga de China, después de una frustrante experiencia en un atribulado Betis, en España. Una aventura en todo sentido, a la que señala que llega en el momento exacto para crecer e intentar dejar una huella en un país que seduce con sumas siderales de dinero a entrenadores y a futbolistas de elite para proyectar un crecimiento que lo convierta en el eje asiático.

"Hace cinco o diez años uno ni se planteaba de venir a China y tampoco sé lo que puede pasar dentro de 10 años. Era el momento, y no hablo solo de la parte económica, que siempre influye. Pero estar en Shanghai es un privilegio, porque es la mejor ciudad de China para vivir. Después, te busca un equipo que quiere pelear arriba, con jugadores de jerarquía... Que durante las charlas te digan de la posibilidad de que esté Tevez. Todos son indicadores de que es el momento oportuno. Hay que aprovechar y dejar algo, porque más allá que uno quiere ganar todos los campeonatos, las copas, los clásicos, los partidos, también es bueno dejar algo. Porque a veces pasan cosas ajenas al fútbol, como lo del estadio nuestro que se incendió, no está habilitado porque lo están refaccionando y tenemos que jugar siete partidos de corrido de visitante. Esas son las cosas que no podemos manejar. Llamalo suerte, pero se dio así e influye en la temporada. Igual, lo bueno es dejar algo, una base, para que tome y siga lo que le guste -como hice yo de Gregorio Manzano [su antecesor]- y lo que no guste o no se está de acuerdo, el que venga lo trate de corregir", comenta Poyet, que tiene el apasionamiento de los latinos mezclado con la flema sajona, luego de sus 14 años de carrera entre jugador y técnico en Inglaterra.

-En noviembre de 2016 te fuiste de Betis y antes de fin de año estabas firmando con Shanghai Shenua. ¿Fue una manera de quitarte el sabor agrio de lo que pasó en Sevilla?


-Lo de Betis fue la peor experiencia, lejos. Me equivoqué, fui a un club pensando que era el de la década del 90 y no era así. Aprendí mucho, me dio la experiencia de buscar una cantidad de información antes de aceptar un trabajo.

Tengo un staff [su ayudante de campo es el argentino Mauricio Taricco; se completa con dos ayudantes ingleses y uno griego], que tiene otras situaciones familiares y financieras a las mías, nos reunimos y me convencieron.

Era una posibilidad de que viniera Tevez, era un rumor en ese entonces, y eso también me empujó; después, conociendo a los demás extranjeros, dije 'ahí vamos'. No era una salida para olvidar lo de Betis, era un buen momento para esta experiencia.

-Llevas nueve partidos, una pretemporada. ¿qué balance hacés de la Súper Liga? ¿Es lo que proyectaste?


-Creo que es mejor de lo que uno se espera o lo que tiene como imagen desde afuera. Uno conoce al fútbol chino por no clasificarse a los mundiales y se piensa, de manera errónea, que es muy bajo de nivel técnico o el nivel competitivo. Los últimos años, con la llegada de jugadores de renombre se hizo muy rápida, muy competitiva, muy ofensiva, donde hay muchos goles.

Lo bueno es eso, que a la vez es paradójicamente la parte mala, porque si se convierte mucho es porque existe un desbalance y ese es el trabajo que tenemos que sacar adelante los entrenadores. A pesar de haber visto muchos partidos del año pasado, eso no lo vivís hasta que no estás en el campo. Hay partidos en los que vos intentás tener un balance, pero la manera de juego hasta del equipo rival te complica para llevar a la práctica lo que vos diseñas.

Hay momentos en los partidos en los que a mí me hacen recordar a lo que yo llamo 'el tercer cuarto de la NBA', donde todo es ida y vuelta. Acá hay mucho de eso, mucho contraataque, ya sea porque hay gente que no ocupa espacios cuando se ataca o por ese descontrol propio del fútbol chino. Eso lo hace entretenido para la gente; quizás para los técnicos, al menos como yo pienso, no tanto.

-¿Entonces por qué los prejuicios?

-Primero, porque no la vemos o no la veíamos, porque ahora se ve mucho más: llega a Europa y a Sudamérica. Después, porque al gastarse tanto dinero uno siempre piensa que si se paga tanto es porque para convencer a ciertos jugadores, con dinero es la única fórmula.

Pero cuando estás acá te das cuenta que hay equipos que en la Champions League de Asia lo hacen muy, muy bien, inclusive mejor que en la Súper Liga, como el Guangzhou R&B, que ganó el grupo con facilidad. Hay mejor nivel de lo que se piensa desde afuera. Me gustaría que todos, porque yo también me involucro, podamos mantener este nivel para que los jóvenes chinos puedan aprovechar este momento más y más.

Este es un problema de tiempo, si no le damos la oportunidad a los jóvenes que están con esta clase de jugadores extranjeros en un coto tiempo, después cuando están solos será más difícil. Digo mantener, ya no hablo de mejorar. Manteniendo el nivel se va a ver una gran mejora del fútbol chino quizás en los próximos cinco o diez años.

-¿Ese es el proyecto chino que se impulsa desde el gobierno con el apoyo de las empresas?

-Creo que es la idea, porque era muy extraño que un país con tanta gente, hablamos de más de 1.300 millones de personas, no pudiera llegar a clasificarse a los mundiales. La zona asiática no es sencilla, porque están Japón, Corea del Sur o Australia, pero acá pasaba que el fútbol no estaba tan arraigado o metido en la sociedad y ahí pongo el ejemplo de Uruguay, donde somos tres millones y medios y todos saben lo que es el fútbol.

Creo que haciendo una Super Liga importante es la forma de contagiar, de que la gente se entusiasme y que los niños, desde temprana edad, quieran jugar el fútbol.

-¿Para lograr ese crecimiento qué le falta? ¿Es una cuestión de disparidad del torneo, falencias de los planteles, bajo nivel de infraestructura de los clubes.?

-El proceso del juvenil que llega al primer equipo. Hay que llevar adelante un proceso educativo de nivel táctico desde temprana edad, así cuando se llega a juvenil ya puede debutar, algo que no se está dando. Por eso lo de la nueva regla [tres jugadores extranjeros en la nómina de 18 que salen a la cancha; antes era de tres extranjeros más un extranjero asiático en el campo; otro de cualquier nacionalidad en el banco de los suplentes] que fue implementada para eso, aunque no se está utilizando de esa manera, demuestra que hay jugadores jóvenes que tienen cierta calidad, pero no están preparados para competir y eso hay que lograrlo entre todos. Que sea natural y rápido pasar de juvenil a profesional.

-¿Proyectas para 2018?

- De momento, no. Quizás cuando se inicie la segunda rueda, que nos va a dar una idea de para qué estamos para lo que resta de la temporada. Es temprano, me gustaría demostrar que podemos formar y ganar, llegar a los objetivos y dejar algo. Eso no sucedió en Betis, donde no dejamos nada.

Además, tengo contrato por este año y la opción de uno más. Como se dio todo tan rápido, mi idea fue como un noviazgo: conocernos y si nos gustamos, seguimos. Este es un tiempo para que ellos confirmaran lo nuestro y nosotros adaptarnos y convencernos de que podemos vivir y trabajar. Lo primero, ya está; lo otro, ojalá que hagamos lo suficiente para que ellos se sientan a gusto con nuestra tarea.

-¿Clasificarse entre los cuatro primeros sería la manera de que se sientan a gusto?

-Ese es el objetivo y la vara se sube, porque para esos cupos el año pasado había cinco equipos y esta temporada los que analizan dicen que seríamos ocho, la mitad de los que compiten. Es más complicado, pero estamos bien. Nos falta definir un sistema claro, demostrar a qué juega el equipo, algo que por circunstancias no logramos. Hay técnicos que lo consiguen en menos tiempo, yo digo que pasamos demasiados inconvenientes: el estadio, los viajes, la suspensión de un jugador por seis meses, la lesión de Tevez y ahora la de Guarín, la suspensión de Gio Moreno. Cosas que quieran o no, enlentecen los procesos de crecimiento.

-¿Es imposible pelearle el título a Guangzhou Evergrande y romper con la hegemonía de seis temporadas?

-El secreto del éxito es que formaron un grupo de jugadores chinos que son los que juegan regularmente en la selección, seis son titulares seguros. No solo son los que representan a China, si no que son fuertes y técnicamente buenos. El arquero y tres de la línea de defensores juegan en la selección y eso le da una solidez que le permite al resto -Paulinho, Allan y el goleador Ricardo Goulart- hacer la diferencia.

Los demás equipos tenemos que trabajar más o contratar a un central extranjero. Es el equipo más fuerte, organizado, duro, y se nota. No en juego, si no convencimiento. En parte, me hace acordar al mejor Manchester de [Alex] Ferguson, como que al final ellos sabían que siempre iban a meter un gol. De alguna manera, tienen eso de potencia que cuando van saben que el gol va a llegar y eso es importante.

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