DANUBIO

Movido: Ardaiz, una figura inquieta

El delantero de Danubio siempre destacó por su físico y su actitud: “Es insoportable, hiperactivo”, dijo su hermano.

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Ardaiz

Si uno ve entrar a Joaquín Ardaiz a la cancha, no lo conoce y le comentan la edad, seguramente dude. Será por su altura, por su porte físico, por la forma de jugar o los tatuajes, pero hay cosas que lo hacen aparentar más que los 17 años que tiene.

Por sí fuera poco, esta será su segunda temporada en Primera División, por lo que en el mundo futbolero su nombre ya resuena y lo hace parecer más grande. Pero este "problema" no es reciente y lo persigue de siempre. Ardaiz suele andar entreverado con los grandes.

"Vos sabes que en el baby fútbol ya te dabas cuenta que era diferente al resto. Tenía dos cualidades: la potencia y la pegada. Cuando agarraba la pelota era tremenda la diferencia física con el resto y se notaba", cuenta Matías De Los Santos, compañero en Danubio y hermano por parte de madre.

El remate fue una cualidad que pulieron juntos, dado que Matías comenzó jugando de delantero, pero luego tuvo un problema. "Se me puso el freno de mano y me empezaron a tirar para atrás", afirma riendo.

Su hermano, que en aquel entonces solía parar la pelota y rematar desde todas partes, continuó jugando como delantero. "Le pegaba muy fuerte, cada vez que se daba vuelta sabías que era gol. Creo que algún pique también aprendió de mí", cuenta el zaguero.

Ocurre muchas veces que en baby fútbol un jugador se destaque por sus condiciones físicas, pero luego no siga desarrollándose y quede por el camino. No fue el caso de Ardaiz, que llegó a los 12 años a las inferiores de Danubio desde Salto y se consolidó.

Luis González lo dirigió en la séptima división y allí también marcaba diferencia. "Tenía una potencia física muy grande, desequilibraba. Cuando encaraba a los enanitos de séptima indudablemente hacía demasiada diferencia", recuerda.

Entre el 2013 y 2014 Ardaiz tuvo un par de pruebas de fuego. La primera fue a fines de 2013, cuando un ojeador le acercó al Porto un video del juvenil y se interesaron en él. Tras varios contactos viajó a Portugal y estuvo cerca de un mes entrenando en las instalaciones del club luso. "Allá demostró que indudablemente, en menos o más tiempo, tendrá futuro europeo", afirmó Luis González.

La otra prueba de fuego fue a fin de año, cuando Lanús organizó un campeonato internacional por los 100 años del club y se disputaba con divisiónes sub 19, es decir generación 96. Ardaiz, nacido en 1999, integró la plantilla y no desentonó. Anotó un tanto y un penal en la final, ganada por Danubio.

"Siempre se entreveró con los grandes y quisimos darle roce", contó González sobre su ascenso a Primera a comienzos de 2016. "Cuando lo subieron había que enseñarle y alguna patadita se llevó", recuerda De Los Santos. A pesar de estas "lecciones" todo quedó en la cancha y en la casa que comparten nunca hubo problema. Seguramente Ardaiz tenía claro que cualquier reproche a su hermano podía costar caro y quedarse sin comer.

"En casa cocino yo, pero él me ayuda. Como en toda casa de hermanos a él le toca la segunda parte: a lavar", cuenta De Los Santos sobre la convivencia. Toman mate, miran fútbol y comparten bastante tiempo, aunque por momentos Ardaiz puede ser un poco movedizo. "Siempre fue tremendo este; es insoportable, hiperactivo", cuenta. Además, agrega que nunca está conforme y siempre quiere un poco más, lo que ayuda a su desarrollo.

González también recuerda a Ardaiz como un poco eléctrico. "Donde está tiene que llamar la atención. Igualmente ha madurado mucho, puede ser inquieto, pero cuando lo precisa se maneja como un grande".

Todavía tiene aspectos que mejorar y otras características que pulir, pero su futuro depende de cuánto se dedique. Lo que es seguro es que Ardaiz no se quedará quieto.

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