PARO EN EL FÚTBOL

Huelgas: Pocas, pero con gran impacto

Los futbolistas intentaron organizarse ya en 1930; el conflicto más importante duró siete meses entre 1948 y 1949 y fue un antecedente del triunfo de Maracaná

Mesa que presidió la asamblea que votó la huelga de 1948.
El País Rew: La huelga de 1948

Las huelgas de futbolistas uruguayos no han sido muchas, pero en cada caso y por distintas razones, sea por la justicia del reclamo o porque se trataba de la paralización de una actividad seguida por miles de personas, provocaron gran impacto.

La primera organización gremial de futbolistas uruguayos nació el 22 de agosto de 1930, cuando en el Stadium Uruguay de la calle Yacaré se fundó la Sociedad Protectora de Jugadores. Sus reivindicaciones iban desde el pase libre a las canchas hasta subsidios en caso de lesión, así como alguna participación en las ganancias de los clubes, en tiempos en que la actividad era oficialmente amateur. El movimiento duró diez días y obtuvo pocos resultados. Uno de los participantes era José María Pedreira, conocido como el Ñato, de quien se cuenta pintorescas anécdotas. Se asegura ese día reclamó el descanso dominical para los futbolistas.

El 27 de abril de 1938 se constituyó la Agrupación de Jugadores Uruguayos Profesionales (AJUP), cuyo presidente era el capitán olímpico José Nasazzi. Su plataforma incluía algunos puntos de 1930, pero agregó el pedido del 20% de los pases por sumas mayores a $ 2.000 y la libertad de acción para quienes disputaran menos de ocho partidos por un club en una temporada.

La AJUP dio a la AUF un mes para atender los postulados. Al no obtener respuesta declaró la huelga a principios de julio. Dos fechas fueron fijadas pero nadie concurrió. El conflicto se levantó después ante la promesa de la realización de un partido a beneficio de los futbolistas, que jamás se jugó.

La situación de los jugadores profesionales durante años fue muy dura, pues su relación era lindera a una moderna esclavitud: estaban ligados de por vida a su institución, que podía transferirlos, suspenderlos, multarlos por supuestos bajos rendimientos o rescindirles el contrato unilateralmente. Incluso si un jugador se iba a un equipo del exterior, al regresar al país volvía a pertenecer automáticamente a su club de origen.

1948-49

Estos antecedentes negativos pesaban cuando el 6 de agosto de 1946 se fundó la Mutual Uruguaya de Futbolers Profesionales (la singular castellanización de la palabra “footballers” fue cambiada años después por “Futbolistas”), en una asamblea realizada en la sede del Círculo de Periodistas Deportivos, entonces ubicada en Pocitos.

Sus viejos reclamos solo encontraron el silencio de los dirigentes clubistas, que ni siquiera reconocieron a la nueva agremiación. Por eso, en una nueva asamblea, celebrada el 14 de octubre de 1948 en la antigua sede de la Asociación Española, en la calle Paraguay, y con la presencia de casi 500 futbolistas, se votó por unanimidad ir a la huelga. Los principales del movimiento eran Enrique Castro, presidente de la Mutual y jugador de Nacional, y Obdulio Varela, de Peñarol, el líder carismático.

Para el siguiente fin de semana, la AUF fijó la fecha del Campeonato Uruguayo, pero no se llevó a cabo. Es más: el torneo quedó inconcluso para siempre.

Los intentos de mediación abundaron, incluso a nivel político, pero la intransigencia de los clubes impidió el arreglo: exigían el fin de la huelga para recién entonces negociar. Danubio propuso en la Junta Dirigente de la AUF formar una comisión para entrevistarse con la Mutual; el resto de los equipos se negó e incluso el delegado de Rampla calificó esa moción como “monstruosa”.

Obdulio Varela y dos compañeros buscan colaboraciones por 18 de Julio en 1948.
Escena del partido entre los huelguistas uruguayos y argentinos en el Paso de la Arena durante el conflicto de 1971
Antes del partido de 1971, el juez Esteban Marino con los capitanes: Roberto Matosas y Ramón Heredia.
Escena del partido entre los huelguistas uruguayos y argentinos en el Paso de la Arena durante el conflicto de 1971
Mesa que presidió la asamblea que votó la huelga de 1948.
Fernando Silva, presidente de la Mutual durante 1992. Foto: Archivo El País
La asamblea que votó la huelga de 1992. Foto: Archivo El País
Hugo De León, Juan Ramón Carrasco, Fernando Barboza y Ariel Krasouski en 1992. Foto: Archivo El País

Los huelguistas recibieron el apoyo mayoritario de la prensa y presumiblemente de los aficionados. Para poder sostenerse económicamente comenzaron a realizar partidos amistosos entre equipos llamados “Montevideo e Interior”, “Rubios y morochos”, “Rivera y Oribe”, porque los nombres y las camisetas de los clubes oficiales les estaban vedados. Incluso no dispusieron de los escenarios oficiales y tuvieron que ir a canchitas de barrio, como la de Canillitas en Villa Española o la de la Liga Palermo. No se cobraba entrada pero los integrantes de la Mutual pasaban entre el público con latas de yerba adaptadas como alcancías solicitando colaboraciones.

El 24 de octubre, por ejemplo, 9.000 personas concurrieron a la cancha del For Ever, en la avenida Lezica, para ver el partido entre “Uruguayos” y “Extranjeros”. El primer equipo, que ganó 3 a 0, llevaba una inscripción publicitaria de la tienda El Mago en su camiseta. Varias figuras, incluso algunos futuros campeones de Maracaná, jugaron aquel día: Máspoli, Tejera, Obdulio, Gambetta, Luis Ernesto Castro, Walter Gómez, Cantou, Schiaffino, Atilio García, Ernesto Vidal...

A comienzos de 1949 se disputó un Sudamericano en Brasil. Pese a la huelga, la AUF decidió concurrir con un equipo formado por juveniles, algún hombre del interior y jugadores de primera división que entendían que “el honor de defender a la Celeste” estaba por encima de la huelga. Uruguay ganó se clasificó sexto y fue goleado por Brasil 5-1. Entre los rompehuelgas estaba Matías González, otro futuro campeón del mundo. Es conocida la historia de cómo Obdulio Varela gestionó ante sus compañeros el “perdón” a González para que pudiera jugar el Mundial.

En abril de 1949 se avanzó hacia una solución, con un papel especial del presidente de la AUF, César Batlle Pacheco (hijo de Batlle y Ordóñez y primo de Luis Batlle, entonces presidente de la República). Los clubes aceptaron iniciar una negociación pero solo a través de figuras secundarias de ambas partes.

Tras siete meses de huelga, la Junta aceptó los reclamos de los futbolistas. Otra asamblea de la Mutual, que culminó en la madrugada del 4 de mayo, aprobó lo actuado y levantó el conflicto. Se obtuvieron numerosas reivindicaciones. Entre ellas, el 10% de los pases, la obligatoriedad de ofrecer contrato o la libertad de acción a los menores de 21 años y especialmente se abolieron todas las normas o usos que mantenían el control total de los clubes sobre sus jugadores.

De inmediato volvieron a los entrenamientos y a comienzos de junio se inició la temporada. Los ecos de la disputa se extendieron en el tiempo. Obdulio, considerado el “cabecilla” por los dirigentes, estuvo a punto de ser transferido al exterior por Peñarol como represalia. Se quedó en el país y formó parte del Maracanazo, una hazaña que también se explica por el fuerte sentimiento de unidad nacido de aquella lucha.

1971

En octubre de 1971, la Mutual inició otro conflicto, en respuesta a los crecientes atrasos salariales que sufrían los futbolistas. Como protesta inicial, se hicieron paros de un minuto en cada partido, deteniendo el juego; después fueron de dos minutos, hasta que finalmente se declaró en “paro por tiempo indeterminado” el 5 de noviembre. Como sus colegas argentinos también estaban de huelga, se organizó un amistoso internacional para reunir fondos. La AUF bloqueó el uso de los escenarios oficiales. “Jugamos en cualquier lado, en la Aduana de Oribe, en la rambla, en las canteras del Parque Rodó, queremos corresponder a la afición que realmente se merece cualquier sacrificio nuestro”, dijo un dirigente de la Mutual no identificado a La Mañana. El líder de Agremiados Argentinos, el Pato Pastoriza, anunció a El Gráfico: “Vamos a jugar aunque sea en el medio de la 18 de Julio”.
La canchita elegida fue el Centro Social y Deportivo Paso de la Arena, en Luis Batlle Berres y Tomkinson. Allí las estrellas en conflicto disputaron el 14 de noviembre la “Copa de los Derechos Humanos”. Además, se emitió en directo por televisión. El equipo uruguayo estuvo integrado por Manga; Guarroz, Jauregui, Matosas, Caetano; Lamas, Maneiro; Cubilla, Bertocchi, Díaz y Morales. Entre otros, luego entró Ermindo Onega. Entre los argentinos, que ganaron 3 a 1, se presentaron los famosos Heredia, Basile, Pastoriza, Ayala, Daniel Onega, Carlos Bianchi y Pinino Más.

Durante dos semanas no hubo partidos por el Campeonato Uruguay, aunque la Selección pudo jugar un amistoso en Chile (que perdió feo: 5-0). La AUF vivía una crisis propia, pues se reclamaba mayor celeridad de acción a su órgano principal, la Junta Dirigente. Cuando iba una semana de huelga, el gobierno de Jorge Pacheco Areco intimó a la AUF a reanudar la actividad y estuvo sobrevolando la posibilidad de una intervención estatal al fútbol.

Para facilitar la solución, la Junta Dirigente aprobó una suerte de autoeliminación, otorgando plenos poderes a los neutrales. Estos negociaron varios días con los jugadores -encabezados por Luis Cubilla, Roberto Matosas y Hamlet Tabárez- en la casa del dirigente Eduardo Rocca Couture y en la del periodista Jorge Da Silveira, mediador a pedido de la Mutual, hasta alcanzar el acuerdo. La Mutual logró el compromiso de que los jugadores que no percibieran su salario luego del día 10 de cada mes podían presentar el reclamo ante la AUF y en caso de mantenerse el atraso por varios meses, exigir el pase libre. También se acordó que los clubes no podrían comenzar la temporada siguiente sin saldar sus adeudos.

1992

El conflicto de 1992 paralizó al fútbol durante un mes, pero su origen y su trasfondo fueron muy distintos a los anteriores. En particular, porque estuvo vinculado al creciente poder del empresario Paco Casal. El detonante fue la muerte de un hincha, Wellington Castro, embestido por el caballo de un coracero en las afueras de La Bombonera, luego que se produjeran graves incidentes tras el partido Basáñez-Villa Teresa del 19 de septiembre de ese año por el campeonato de la “B”. Además, hubo heridos de bala.
Los dos clubes recibieron una pesada sanción: un año de suspensión. Eso a Basáñez -estrechamente vinculado a Casal- le impedía el ascenso a Primera División, en tanto Villa Teresa descendía. El 8 de octubre, la Mutual (presidida entonces por Fernando Tajo Silva) aprobó por 192 votos contra 45 una huelga en apoyo de los deportistas de los clubes sancionados, con el argumento de que los clubes y sus jugadores no tenían responsabilidad por incidentes ocurridos afuera del estadio. Todos los torneos locales se detuvieron e incluso Nacional no pudo continuar la disputa de la Supercopa sudamericana.

Casal salió a aclarar en una conferencia de prensa que “de ninguna manera” había presionado a los jugadores para que pararan, como denunciaban los dirigentes.

Después de un mes y la mediación del sacerdote (y exfutbolista profesional de Nacional y Danubio) Ernesto Popelka, la huelga se levantó el 8 de noviembre, cuando se redujo la sanción a los clubes y se acordaron compensaciones económicas para los jugadores. Basáñez terminó ascendiendo la temporada siguiente.

Nacional

Dos veces resultó perjudicado por los conflictos

Nacional resultó perjudicado por dos de los conflictos. En 1948 estaba primero e invicto cuando el Uruguayo quedó inconcluso. Se informó entonces que el club había presionado a sus jugadores para que intercedieran ante la Mutual, pero estos rechazaron esa posibilidad. En 1992, el tricolor quedó eliminado de la Supercopa sudamericana, al no poder presentarse a sus partidos ante Racing argentino. Hubo un planteo formal ante la asamblea para permitir ese encuentro pero fue rechazado por 248 votos a 15.

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