ENTREVISTA

Forlán: "Te venían a buscar del Milan y del Madrid, y elegías a Peñarol"

“Me llamaron amigos, sí, por suerte tienen buena memoria”, dice desde el amplio y cómodo sillón del living, Pablo Forlán (71). Hace 50 años, con apenas 21 recién cumplidos, se consagraba Campeón del Mundo con Peñarol ante el Real Madrid en el ‘Chamartín’.

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Pablo Forlan

Hoy, dice que “tienen que cambiar muchas cosas, entre otras, que los jugadores no se vayan tan rápido”. Pablo Forlán habló con Ovación del pasado, y también del presente.

— ¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando recordás aquellas finales con el Real Madrid?Uhhh... ¡tantas cosas! Primero, la alegría indescriptible que fue para todos nosotros ganarle al Madrid en su casa. Para el mundo, era impensado, pero nosotros teníamos una fe bárbara, estábamos convencidos que íbamos a ganar, que no iba a jugarse un partido de desempate, porque en Montevideo también le habíamos ganado 2 a 0. Fueron años inolvidables, fue una década dorada de Peñarol, ganamos todo. Tres Libertadores, dos Intercontinentales... Uruguayos... y éramos siempre los mismos. Hoy, lamentablemente, muchos compañeros ya no están, pero siempre recordamos estas fechas con mucho cariño, con mucha nostalgia.

— Hoy en día parece imposible lograr lo que ganó aquel Peñarol de los 60.

— Y sí. Es prácticamente imposible. Tienen que cambiar muchas cosas, y para mí, lo primero, es que no se vayan los más jóvenes. Que se queden tres, cuatro años en el club, que no haya traspasos, y que se traigan dos o tres refuerzos de peso internacional. Esa es una de las condiciones, me parece, como para poder aspirar a una Libertadores, por ejemplo.

— ¿Se puede hacer en estos tiempos que corren?

— Se debería. Y hablo de Peñarol. El club tendría que hacer un esfuerzo. Si se hicieran las cosas como se deberían hacer, es más factible. Cambiando todos los días de equipo y de plantel, es muy difícil. Nosotros nos conocíamos de memoria. El equipo se recitaba de memoria. Hoy preguntás y se sabe. Eso es fundamental, y lo otro, bueno, es traer jugadores desnivelantes.

— Era otra época, con un Uruguay diferente. En lo económico y en lo futbolístico.

— Puede ser, pero había una política definida en los clubes, y más en Peñarol. Se apostaba a ganar todo. Acá vino Spencer, que era la estrella de Ecuador, Joya, que era figura en Perú, y estábamos casi todos los que jugábamos en la selección uruguaya. ¡Había que ganarnos! No era fácil. Y es cierto: había plata fuerte y jugar en Peñarol era jugar en el campeón de América y del Mundo. A Spencer lo vino a buscar dos veces el Milan. Y le dijo que no. Me lo contó el propio Alberto... cuando llegó Elías Ricardo Figueroa, lo quería el Real Madrid, y le dijo que no. Era más prestigioso jugar en Peñarol. Y se pagaba muy bien... hoy es impensado... hoy no sucede. Nos quedábamos todos, y venían los mejores de América.

— De ese Peñarol se tejieron mil historias. ¿La parada de pecho de Amadeo Carrizo fue lo que ambientó esa reacción en la final de la Copa de América ante River?

— Y.... fue una jugada rara... sólo él sabrá si lo hizo para sobrar o no. Pero ya había un clima caldeado por lo que había pasado en Buenos Aires. Nos habían hecho de todo. Llegamos al Monumental caminando, no nos mandaron al ómnibus que nos tenía que llevar al estadio, y en la cancha, pasó de todo. Habíamos particulares que fotógrafos... ellos estaban convencidos que nos ganaban, que éramos un equipo de viejos... Y le dimos vuelta el partido. Algo parecido sucedió con el Madrid. Pensaban que íbamos a tercer partido, y se quedaron con las ganas. Le dimos la vuelta en su estadio.

— Se dice que aquel era un equipo de hombres, pero había muchos jóvenes...

— Yo tenía 20 años, y Mazurkiewicz también... los más veteranos eran Abbadie y el Tito Goncálvez, los demás teníamos entre 20 y 23 años... no eran todos viejos ni éramos todos jóvenes. Había una mixtura, y eso también pesó en los partidos decisivos. Era un equipo que se hacía respetar, que no se lo llevaban por delante. Y además, jugábamos siempre los mismos. En eso Roque (Máspoli) era fundamental: te daba confianza, repetía el mismo equipo y sólo salías por lesión. Estábamos convencidos de lo que queríamos, a lo que jugábamos, estábamos fuertes de cabeza. No había dudas. Yo veo que hoy se cambia de un partido a otro medio cuadro... no lo puedo creer. ¿Cómo le das confianza al jugador? ¿Cómo se hace? Yo que sé.... hay tantas cosas que uno no entiende... Yo creo que un equipo estable es lo mejor, que los jugadores tengan el respaldo del entrenador, que lo sientan, y eso va a favorecer a todos.

— Estamos muy lejos, entonces de poder volver a vivir hazañas como aquellas...

— Así como están las cosas, sí. Se estuvo cerca en aquel Peñarol de Diego Aguirre, pero se da una vez cada tanto... Nacional, el año pasado con Munúa, pero antes era prácticamente una constante. Hay que repasar las Libertadores. En la década del 60 si Peñarol no era finalista, era Nacional. Otro mundo, y lo principal: no había transferencias, todos estábamos acá. El plantel de la selección uruguaya estaba dividido en los dos grandes, y encima, venían los mejores de Argentina, Brasil y Chile. ¿Quién nos iba a ganar?

— Cuando decís otros tiempos, también había amistad entre los jugadores de Peñarol y Nacional. Mantuvieron esa amistad hasta ahora.

— Si, claro.... éramos amigos. Y con muchos, hasta hoy, compartimos asados y encuentros. Fue un golpe para todos la muerte de Juan (Mugica), de los que se fueron... del Lito (Silva)... Rivales durante noventa minutos, pero después teníamos claro que éramos colegas, compañeros de selección. Con todos mantuvimos una linda amistad.

— Te emocionó la llegada de Diego a Peñarol. ¿Y su partida?

— Se dio el gusto. Me lo dio a mí, hizo realidad un sueño, jugó en Peñarol, salió Campeón Uruguayo y se fue. Tenía claro lo que quería. Cuando lo decidió me lo dijo en casa: Papá, quiero salir Campeón en Peñarol como vos, quiero ganar el Uruguayo. Y lo hizo con todo el cariño del mundo. Después que cumplió su objetivo, decidió irse. Y respeté su decisión. No estaba disfrutando de sus últimos años de su carrera, y él, a su edad, tiene que disfrutar cada partido...

De Mercedes a España, con la gloria como única escala.

Pablo Forlán desbordó por el lateral derecho y tiró un nuevo centro al área del Real Madrid. Ahí, agazapado, estaba Alberto Spencer. El goleador de Peñarol, y no perdonó. Marcó el 1 a 0 y el estadio Centenario, con más de 60.000 personas en sus tribunas, explotó en un grito de gol.

Iban 39 minutos del primer tiempo. La historia, se repetiría cientos de veces a lo largo de esa notable campaña del aurinegro, tanto en la Copa Libertadores como en la Intercontinental. Pero ese 12 de octubre, el Día de la Raza, Peñarol se imponía 2 a 0 al Real Madrid y embarcaba su ilusión rumbo a Europa, para jugar su revancha el 26 de ese mismo mes.

Ayer se cumplieron 50 años de esa conquista. Peñarol regresaba victorioso y con la Intercontinental en sus manos. Volvió a ganarle al Ral Madrid 2 a 0 en un Chamartín repleto,. y ante el estupor de los hinchas merengues que habían reservado pasajes para jugar el partido desempate en Suiza.

Aquel plantel, dirigido por Roque Gastón Máspoli escribió una de las páginas más gloriosas del club: Ladislao Mazurkiewicz, Walter Taibo y Eduardo García eran los arqueros,, Luis Gutierrez, Luis Aguerre, Juan Vicente Lezcano, Luis Varela, Nelson Díaz, Carlos Pérez, Pablo Forlán, Omar Caetano y Tabaré González los defensas; Néstor Goncálves, Obdulio Aguirre, Pedro Virgilio Rocha, Julio César Cortés, Ernesto Ledesma y Wilmar Etchechury los volantes; Julio César Abbadie, Juan Joya, Héctor Lito Silva, Alberto Spencer y Enrique Alfano, los delanteros.

"Yo había llegado en el 63 a Peñarol, y un año más tarde ya estaba en el Primero. Me tocó vivir una época preciosa, donde se ganaba seguido, tanto a nivel local como internacional. Me fui siendo campeón de la Supercopa, en 1969, la única que se jugó hasta ahora, y después estuve siete años en el Sao Paulo. Regresé a Peñarol en el 76, volví a ser campeón", rememora Pablo Forlán 50 años después.

DE TAL PALO...

"Cumplió y se fue".

"Para mí fue una de las mayores alegrías ver a Diego con la camiseta de Peñarol. Se dio un gusto, y se fue porque sintió que había cumplido con lo que se había propuesto. Él vino a Peñarol para salir campeón. Me dijo: Papá, quiero salir Campeón Uruguayo como vos, y se le dio en pocos meses. No quiso terminar mal, como le pasó a otros, y se fue con un título. ¿Los barras? Nooo... nada que ver. Él no se fue por lo extra-fútbol. Nada que ver, el decidió terminar el vínculo con el club porque había logrado lo que quería. Hizo bien. A esta altura de su carrera tiene que disfrutar y no sufrir los partidos. Tiene que jugar, divertirse, pasarla bien dentro de la cancha...", cuenta Pablo Forlán, que pudo hacer realidad uno de sus sueños. Ver a Diego campeón con Peñarol.

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