ENTREVISTA

Se fue un estilo: tiene otra voz, la interior

Dardo Luis Gregores se jubiló tras 48 años y medio de locución comercial deportiva, pero está convencido que no lo va a extrañar

Bulevar. Gregores en la calle donde vive. Tiene dos hijos y tres nietas. Le recomendó al varón que si quería hacer radio se cambiara el apellido. Foto: Ariel Colmegna
Bulevar. Gregores en la calle donde vive. Tiene dos hijos y tres nietas. Le recomendó al varón que si quería hacer radio se cambiara el apellido. Foto: Ariel Colmegna

Dardo Luis Gregores decidió terminar con su carrera de locutor tras 48 años y medio de actividad. Este fin de semana fue el primero sin fútbol para él, pero le aseguró a Ovación en una charla que transcurrió en el bar La Giralda, donde se siente locatario, que no va a extrañar. “Tengo mucha vida interior por las cosas que hago. No sólo fui medico, fui médico homeópata, terapeuta floral y trabajaba con mi esposa, que es psicóloga gestáltica. Me volqué para el lado de la medicina no tradicional y eso te lleva a tener otra visión del mundo. He leído y estudiado mucho, nunca tengo un momento libre. Soy una persona inquieta, siempre investigo y nunca me aburro”.

Además, vivió algo parecido hace tres años cuando se jubiló como médico porque ya le costaba escuchar el murmullo de los pulmones de sus pacientes debido a una deficiencia auditiva.

Muchos le decían que esperara un año y medio más y se retirara al cumplir los 50 años de carrera. “Pero yo no pretendo estar en el libro Guiness y mi oído está muy deteriorado de tantos años usando auriculares. Cada vez tengo que poner más atención para escuchar y pedir que me repitan las cosas”.

También podía haber esperado que se definiera el Campeonato Uruguayo. Pero calculó mal las fechas, porque pensó que el Clausura iba a terminar entre semana. Tampoco le preocupó. Aunque debutó en un clásico, no tenía preferencias para el retiro.

Todo arrancó en 1969, cuando un amigo del barrio, Eduardo Nogareda, lo acercó a la radio. Siempre le había gustado pasar avisos, desde niño. “Entré a radio Sur como practicante, pero tuve suerte y al mes me ofrecieron medio turno. Iba a las diez de la mañana y estaba Ricardo Olivera que era el locutor jefe de la radio y me explicaba cómo eran las cosas. Alguna vez me dijo: ‘Muñeco, estás cantando’. Eso quería decir que no lo estabas haciendo bien. Entonces yo me iba a mi casa, me grababa y me escuchaba para mejorar”.

Allí, en el altillo que tenía en su casa de La Aguada para estudiar, porque paralelamente hizo la carrera, fue donde nacieron su voz y su estilo tan particulares.

Debutó con locución deportiva en automovilismo, en una carrera de Fuerza Limitada en Tarariras. “No se trabajaba con ficheros, teníamos unos cartones de publicidad. Me los llevé a mi casa y me puse a leerlos en voz alta para practicar para el fin de semana. Me di cuenta que podía embalar y hacerlo mucho más rápido. Y empecé a ensayar voces. Por ahí me salió esa voz con la que me conoce todo el mundo. No hay ningún secreto, fue así. Me gustó y quedó”.

También participó en transmisiones de muchos deportes menores, básquetbol, de Primera y de Segunda, vóleibol, boxeo y hasta hockey sobre patines. “Me asustaba que nos tiraran los bochazos y me ponía el casco de la moto. No usaba auriculares, les pedía que me hicieran señas cuando tenía que entrar con los avisos. Temía que se me cayera uno arriba porque pasaban patinando al lado nuestro como pedrada”, recordó.

Y hasta hizo la locución comercial en la Travesía de la Bahía, una competencia de aguas abiertas que se largaba desde el Cerro y llegaba al Puerto. El estaba en una barraca en el puerto, y los periodistas iban en una lancha relatando brazada a brazada. “Ese era el slogan del programa: brazada a brazada en natación, golpe por golpe en boxeo, doble por doble en básquetbol”, indicó.

Un sábado de tarde golpearon a la puerta en radio Sur. El abrió y era el relator de fútbol Ruben Casco. “Necesito encontrar al locutor que trabajó en la Travesía de la Bahía y que tiene una voz finita”, dijo Casco. “Mañana tengo un clásico y no tengo locutor”, agregó. En ese momento Casco hacía Radio Fútbol 26 en la emisora del Sodre. En la Sur lo autorizaron y arrancó en fútbol con un Peñarol y Nacional.

Trabajó un par de años con Casco. Y luego el productor del Clan 10 de radio Ariel le ofreció trabajo. El locutor era Olivera, su ex jefe en radio Sur, pero tenía mucha actividad en Maldonado y no podía hacer la Liguilla. Su primer partido fue un Nacional-Fénix por la Liguilla. Allí arrancó con Víctor Hugo Morales. Al año siguiente falleció Solé, Heber Pintos compró la radio Ariel y con Víctor Hugo y Paullier se fueron para Oriental. Y siguieron allí hasta que el relator se marchó a Argentina después del Mundialito del ‘80. Pero Gregores siguió hasta el ‘84 con Carlos Muñoz. Luego pasó a la 690 como locutor de cabina. Aunque seguía con la transmisiones deportivas en el interior: “Hice varios campeonatos del Noreste con Daniel López Moroy. Salía en Cora a las 23:30 horas de acá. Ya me conocían y me acostaba a dormir en el último asiento. Me despertaba al pasar por Paso de los Toros y llegaba a Tacuarembó. De noche hacia el camino a la inversa”.

En 1999 arrancó en la Sport 890, donde trabajó hasta el fin de semana pasado, cuando se despidió. “Lo primero que tenés que tener para ser locutor de deportes es entender el juego. Y te tiene que gustar. Yo en la juventud jugué al fútbol y al básquetbol. Porque si no tenés idea de dónde podés entrar, dónde hay una jugada peligrosa, se te complica. Soy muy intuitivo y muchas veces voy viendo cómo se van parando los jugadores y dónde pueden hacer una movida rápida. En ese momento no puedo entrar y hay que dejar al relator que siga y que arme la jugada”.

FENóMENO.

Al preguntarle con qué relator se sintió más cómodo, no lo duda: Víctor Hugo. “Es un fenómeno. Estoy seguro que no voy a ver ni escuchar un fenómeno tal. A pesar de la torpeza manual que le hacía perder la entrada para el estadio, se ponía los auriculares y empezaba a ser él mismo. Y además, acá le llevaba tres o cuatro libros leídos por mes de ventaja a cualquiera de los otros relatores. Luego me enteré que cuando era un jovencito, y aún estaba en Colonia, practicaba para improvisar. Por ejemplo miraba el picaporte de la puerta y se obligaba a decir todo lo que se le ocurriera sobre ese objeto. Y se grababa improvisando. Entonces improvisar era un hábito para él”, contó.

“En aquella época la gente iba con la radio al estadio. Incluso llevaban unas radios enormes, sobre el hombro. Además, en la bancada de prensa de antes estábamos mucho más cerca de la gente. Y se daban vuelta a mirar la cabina. Si Víctor Hugo se llegaba a equivocar en algún jugador, lo que casi nunca sucedía, la gente se lo hacía notar. Y él respondía al aire: “Ya sé que no era ese, pero quería ver si ustedes estaban atentos”.

Con Gregores a su lado, Morales se la jugó por seguir la campaña de Defensor en 1976. “Fue una de las tantas cosas de Víctor Hugo, que todo lo que tocaba lo convertía en oro, como el rey Midas. Fue a la dirección de la radio y le dijo a Romay que iba a seguir a Defensor. Le dijeron que estaba loco, porque obviamente, la mayoría de los oyentes eran de los equipos grandes. Y comercialmente no servía, pero él se impuso. Y Defensor salió campeón. Recuerdo perfectamente la transmisión de aquel último partido. Metí un aviso de Trineo en medio del gol. Aquello de ‘Víctor Hugo, ¿por qué comprás Trineo? Por gusto’. Un aviso que fue hasta Venezuela por la velocidad. Y durante muchos años nos invitaron a los aniversarios del título del 76”.

El locutor conoció toda América gracias al fútbol, salvo Ecuador y las Guayanas. Pero el viaje que más recuerda es a Japón para el Mundial Juvenil de 1979. “Yo fui de acá con Roberto Roo que se había lesionado la rodilla y no pudo jugar. Tuvimos la posibilidad de conocer una cultura diferente. Me gasté dos pares de zapatillas recorriéndolo todo”.

DERECHOS.

Gregores encabezó al grupo de locutores comerciales deportivos y logró, entre otras cosas, que se reconociera como profesión. “Todo empezó porque yo estaba haciendo un postgrado de salud ocupacional y empecé a relacionarlo con lo que hacía. El relator comercial trabaja en malas condiciones. Y ha sido menoscabado siempre. Es el último de los actores de reparto. Se lo considera cuando los demás tienen que ir al baño, atender una llamada o les da un acceso de tos. Pero, no solo somos uno más del equipo sino que somos los que manejamos el fichero que representa la plata que entra. Que es mucha, más cuando hay un evento especial como un Mundial”.

El DATO

Concurso. Un tipo de radio que hizo televisión

Un día, en el año 1978, llegó a la radio donde Gregores trabajaba el conductor argentino Pipo Mancera, que había comenzado con un programa en canal 4.

Le planteó una idea que se le había ocurrido y el locutor aceptó.

“Se trataba de un concurso en el que yo hacía una tanda y los que se presentaban tenía que intentar ganarme. Hacerlo más rápido”, recordó. Estuvo en ese ciclo seis u ocho meses, pero los suyo siempre fue la radio.

El otro día en una estación de servicio, el funcionario lo conoció por la cédula. “¿Usted es el de los avisos?”, le preguntó. “Lo mío es la radio”, dice orgulloso.

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