SELECCIÓN

DINAMITA PURA

A la transformación del mediocampo, Uruguay le podría agregar una fórmula explosiva en ataque: Suárez, Cavani y Maxi Gómez.

Suárez, Cavani y Maxi Gómez

¿A quién no le gustó el Uruguay aguerrido de Sudáfrica 2010? Fue imposible no entusiasmarse con aquel conjunto solvente, infatigable, sin brechas, entregados todos los jugadores a una idea común. Un plan elaborado con suma inteligencia por el conductor y ejecutado a la perfección por cada una de las piezas que ingresaron al campo de juego.

Pero los años pasan, y con ellos se marchan algunos futbolistas. Y han venido otros. Que alientan otro espíritu. Quizás menos combativo, pero no menos inspirador.

El relevo, por suerte, para Uruguay no ha sido un problema. Y aunque las transformaciones suelen ser dolorosas o aparejar un costo superior, porque no siempre se puede salir de la sombra que dejaron quienes marcaron una época con la Celeste, Óscar Tabárez tiene ganado un enorme reconocimiento por la forma en la que ha conseguido que las noveles adquisiciones al proceso hayan sido afortunadas.

Uruguay hoy intenta, sin dejar de lado la identidad de vivir cada juego como si fuera el último de la vida, tener más encanto. Si quieren, para que no sea una mera definición poética, manejar la pelota, ser más creativos, producir más para beneficio de la ofensiva, poder jugar más relajado y no con los nervios de punta porque lo único que se hace es rifar el balón cada vez que se consigue recuperar.

Y Tabárez encontró los hombres para lograrlo. No se discute. Si querés obtener una transformación futbolística precisás que los jugadores tengan las características para conseguirlo. Y están. Ahí entran los Matías Vecino, Federico Valverde y Rodrigo Bentancur. Y también los Giorgian De Arrascaeta y los Gastón Pereiro.

Ahora bien, con la primera etapa consolidada, lo que viene por delante todavía puede ser más beneficioso para convertir a la selección uruguaya en una selección más temible. Sí, hoy se la respeta, no hay combinado del mundo que afronte con despreocupación una contienda contra la Celeste de Tabárez, pero se puede subir un escalón más en la consideración. Para ser más gráfico, del respeto al temor se pasa cuando, por ejemplo, sabés que del otro lado te armaron una delantera con un tridente mortal.

Para empezar, como lo ha dicho alguna vez Pep Guardiola, los buenos jugadores siempre pueden jugar juntos y la labor del técnico es “aprender dónde y cómo puede jugar cada jugador”. Si un fenómeno como el técnico catalán supo reconocer que su trabajo era seguir “haciendo pruebas” para “averiguar quiénes pueden jugar en otras posiciones”, queda claro que nada es imposible.

Es más, el propio Tabárez dio una muestra de ello en Sudáfrica, cuando buscó las alternativas para que Diego Forlán, Luis Suárez y Edinson Cavani estuvieran en el once titular.

Dicho esto, no es una locura, entonces, pensar en un tridente ofensivo de Uruguay en la Copa del Mundo con sus dos grandes estrellas y con imponente Maximiliano Gómez que irrumpió con una inusual potencia en la Liga Española.

La primera reflexión que surge es que la inclusión de “Maxi” potencia el ataque de Uruguay. Con ese argumento como base lo que hay que determinar es la manera de lograrle el espacio en el equipo y hasta la función, para que la ubicación no afecte ni su rendimiento ni el de sus compañeros. Si lo que se busca es incrementar el potencial, lo que no puede pasar es que un ingreso termine opacando el trabajo de otro.

Con tres hombres que sienten el gol, que viven del gol, que tienen poder de definición (no todos los jugadores lo consiguen), es imposible no imaginarse una Celeste más intimidante.

Una galopada de Gómez arrastraría marcas, limpiaría los caminos para saciar el hambre de gol de Cavani y Suárez. Ese arremeter furioso de “Lucho” y Gómez contra uno, dos o tres adversarios, le daría el espacio ideal a Cavani para sus apariciones furtivas.

Claro que hay cuestiones a definir. Quién va por el centro, quién se recuesta a la izquierda, quién baja a recibir la pelota. Pero son situaciones que el trabajo permite pulir. Adaptables. Como ya lo demostró Cavani en la Selección, como lo hizo el propio Suárez en su ingreso al Barcelona.

Además, tanta generación en el mediocampo necesita del poder de destrucción arriba para que no quede en nada lo que se fabricó. Para que el toque o el cuidado de la pelota no sea infructuoso hay que dinamitar al rival y eso sin duda que son capaces de hacerlo las dos bestias del fútbol mundial que tiene Uruguay arriba y a los que perfectamente se puede acoplar Gómez.

No sería nada nuevo para Tabárez. Si hasta su plan madre, aquel que quiso poner en marcha en la Copa América de 2007, tenía como raíz la clásica fórmula del 4-3-3.

Es cierto que la idea no prosperó, que la Celeste terminó mutando, pero a lo mejor el entrenador no estaba equivocado, simplemente no contó por aquellos tiempos con los futbolistas que hoy sí tiene Uruguay.

El tridente CSM, por otra parte, armaría un revuelo mayúsculo en las líneas defensivas de las selecciones adversarias, sobre todo porque los tres han mostrado reiteradamente su capacidad para tirarse hacia los costados, por fabricar espacios para los compañeros, por ser agresivos en la búsqueda del área y porque les sobra calidad para mandar la pelota a la red de cualquier forma.

Los mensajes de las decisiones de Tabárez son positivos y es imposible no mirar con optimismo el armado de un ataque tan mortal.

la pregunta

¿Pueden juntarse?

No es fácil combinar a jugadores que se muevan por los mismos sectores del campo. La cuestión es comprobar que sean compatibles y que no terminen chocándose. El mejor ejemplo de entendimiento para que el equipo los aproveche lo dio el Brasil del 70, cuando cinco números 10 jugaron en los cinco puestos de arriba.

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