INFORME

Ni Basile ni Menotti salieron campeones con los grandes

Más sombras que luces de los entrenadores extranjeros.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
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Mucho se habló (y se habla) por estos días sobre el futuro entrenador de Peñarol. Que va a ser extranjero, que ya no se quiere continuar con la teoría de que en los momentos críticos "hay que apelar a un hombre de la casa", y algunos consejeros entienden, que hay que innovar, buscar afuera, lo que no hay adentro. Que llegue alguien con la mente abierta, que no conozca el medio, que no tenga preconceptos y que evalúe al plantel tal y como es, por sus condiciones y nada más.

No sólo en Peñarol se pensó históricamente en contratar técnicos extranjeros, en Nacional también, y por lo general, salvo excepciones, las experiencias no han sido buenas, al menos en los últimos cuarenta años, es decir, desde 1976 a la fecha.

Ya en la era profesional, Peñarol tuvo a varios entrenadores europeos, en un época donde eran quienes venían a enseñar el juego y la táctica a Sudamérica. John Harley dirigió a los aurinegros en 1942, y en 1948 lo hizo Randolph Galloway, otro británico con idean innovadoras, pero no tanto como las que introdujo un año después, el húngaro Emérico Hirschl, que en 1949 conformó aquel equipo aurinegro con una delantera que se denominó "La máquina del 49" conformada por Alcides Edgardo Ghiggia, Juan Eduardo Hohberg, Óscar Míguez, Juan Alberto Schiaffino y Vidal.

El húngaro repitió en 1956, pero no fue lo mismo, y en 1962 asumió en Peñarol Bela Guttman, otro entrenador llegado de Hungría que no pudo plasmar del todo su juego en un equipo aurinegro que por ese entonces, reinaba en el continente.

En los últimos 40 años, hubo de todo. Tras el batacazo de Defensor ganando por primera vez en la historia el Campeonato Uruguayo de 1976, título que ningún equipo chico había logrado, Peñarol buscó retomar la senda de la victoria. Venía de ganar los campeonatos de 1973-74 y 75, y buscó un entrenador brasileño de enorme prestigio por aquellos días: Dino Sani, un exjugador paulista que cautivaba por su propuesta en Brasil. Logró ganar los Uruguayos de 1978, en forma invicta, y el de 1979. En el 80 no repitió y fue cesado, acompañado por una crisis deportiva de los aurinegros.

En medio de una gran inceritumbre, Peñarol decidió nombrar al chileno Mario Tuani, un hombre que arribó a los aurinegros porque conocía el fútbol africano, y por ese entonces, la cúpula carbonera quiso sacudir el ambiente con la contratación de tres africanos. La idea de Washington Cataldi logró captar la atención del resto de América. Así llegaron el ghanés John Yawson (fue titular durante varios partidos y estuvo en el club hasta fines de 1981) y los sudafricanos Abe "Shaka" Ngcobo y Ace Knomo. Jugaron poco, fueron atracción, pero no pesaron. Tuani se fue con ellos.

En 1980, tomó la posta el argentino Jorge Kistebmacher, que además de ser preparador físico, era entrenador de fútbol ya recibido. Fue un interinato, hasta la llegada de Hugo Bagnulo, con quien después conformaría una exitosa dupla técnica y ganaría la Copa Libertadores, la Intercontinental y el Uruguayo.

Casi una década después, en 1991, y también en medio de una crisis deportiva, el Cr. José Pedro Damiani fue a buscar a César Luis Menotti, entrenador argentino con un curriculm envidiable. Más allá de haber logrado la Copa del Mundo de 1978 con Argentina, venía de dirigir a Boca, Barcelona, River y Atlético de Madrid.

Damiani viajó a Buenos Aires, se reunió con él en el Hotel Claridge, y en menos de 30 minutos, había firmado contrato con el entrenador. Se dieron la mano, y en una semana ya estaba trabajando con su cuerpo técnico en Los Aromos. No le fue bien. Tuvo más sombras que luces. Logró resultados en lo internacional. Peñarol le ganó a Boca en La Bombonera desplegando un fútbol atildado, pero en el plano local, el famoso "achique" defensivo lo condenó a derrotas y goleadas. Fue un año terrible, para el olvido.

Pero Menotti no fue el último entrenador extranjero en Peñarol. El serbio Ljubko Petrovic, dirigió algunos meses de 1992 y se fue sin avisar. Nunca logró adaptarse al medio ni a una institución que estaba tecleando en lo económico. Desapareció de un día para el otro, asombrado por lo que le tocaba vivir en el día a día del fútbol uruguayo. Se recuerda una sola frase de Petrovic, el día que llegó al Parque Abraham Paladino para jugar con Progreso después de varios días de lluvia. Era un lodazal: "¡¡catástrofa!!" dijo mientras cerraba su paraguas y observaba el campo de juego.

De ahí en más, se han turnado técnicos uruguayos. Se apeló a entrenadores foráneos, que no eran del club, ni estaban identificados con Peñarol y terminaron siendo parte importante de la historia moderna, como Gregorio Pérez y su exitoso ciclo del Quinquenio.

En Nacional.

No sólo Peñarol apeló a los entrenadores extranjeros, Nacional también. Y al igual que su rival de todas las horas, ya en el inicio del profesionalismo tuvo a un húngaro al frente de su plantel principal: Emérico Szigeti dirigió al tricolor en 1933, y en 1938, asumió el británico William Reaside.

Desde ese año y hasta 1963, Nacional tuvo siempre entrenadores uruguayos. Pero confió la conducción de su equipo al brasileño Zezé Moreira para intentar cortar la racha ganadora de los aurinegros. Y lo logró. Obtuvo el Uruguayo de ese año y marcó una escuela de "jogo bonito" como el mismo Zezé lo definía. El propio Moreira regresó a Nacional para la temporada 1968-1969, y armó el fantástico equipo que terminó ganando, dos años después, la Copa Libertadores y la Intercontinental. Manga y Celio Tabeira Filho, brasileños como Zezé, fueron pilares en los tricolores, y terminaron siendo ídolos del club.

Juveniles.

Otro ciclo exitoso fue el del argentino Miguel Ignomiriello. Pero en las formativas. Sacó a una generación dorada en Nacional. Entre ellos, Rafael Villazán, Alfredo De los Santos, Juan Ramón Carrasco, Darío Pereira, Hebert Revetria, Miguel Caillava, Martín Taborda, José María Muniz y Ricardo Pagola, entre otros. Juveniles, base de la selección uruguaya campeona del Sudamericano 1975 y base, también, de la Celeste mayor de ahí en más.

Asumió la conducción del primer equipo pero no pudo lograr lo que había logrado en divisiones juveniles y se cortó con un proceso fenomenal.

Nacional volvió a confiar en un técnico argentino en 1977, y así fue como llegó Pedro Dellacha, un entrenador moderno con fuerte personalidad. Logró ganar el Uruguayo en su primera temporada, pero no pudo repetir y se fue un año después.

Alfio Basile tomó las riendas del tricolor en 1982. Lejos de imponer su idea, terminó yéndose por la puerta de atrás, sin éxitos y con un plantel que le había dado la espalda. Una leyenda se repite cada vez que se nombra a Basile en Nacional. "Washington González erró un penal ante Cerro porque sabía que si Nacional no ganaba, echaban a Basile". Lo cierto es que ese mismo día, y en el vestuario, Pedro Marchetta, ayudante del Coco le pegó una trompada a González.

Fue el final del ciclo Basile, pero no de los técnicos argentinos, porque asumió Miguel Basílico, que había logrado hacer una muy buena campaña al frente de Bella Vista. Ganó el Uruguayo de 1983 con el tricolor y se fue.

Recién en 1994 Nacional puso la mira en otro técnico extranjero. Eduardo Luján Manera, recomendado por Carlos Bilardo, asumió en el tricolor. Tuvo infinidad de problemas, no pudo implementar su idea, y terminó yéndose con más pena que gloria.

En tiempos modernos, la historia es diferente. Porque Marcelo Gallardo tomó la posta inmediatamente después de dejar los cortos. El argentino hizo una notable campaña y ganó el Campeonato Uruguayo 2011/12 con quienes habían sido sus compañeros de plantel. El fútbol del "Muñeco" cautivó a todos y generó expectativas de renovación, pero el argentino se fue Campeón.

La última experiencia con un extranjero al frente del plantel tricolor fue la de Rodolfo Arruabarrena, que pese haber hecho una buena campaña, perdió todo en la última fecha ante Fénix en el Parque Central, en el Apertura 2013. Nacional llegaba con ventaja en la tabla, pero no pudo vencer al albivioleta, y el "Vasco" no lo dudó. Puso el cargo a disposición y se fue.

Los últimos 40 años fueron matizados por triunfos y derrotas. En Peñarol, salvo Dino Sani, los demás entrenadores extranjeros se fueron por la puerta de atrás. El chileno Tuani, el argentino Menotti y el serbio Petrovic fueron golondrinas de paso.

En Nacional, hubo una apuesta grande a los argentinos, pero no a todos les fue como se esperaba. Dellacha, Basílico y Gallardo ganaron un Campeonato Uruguayo cada uno, Basile, Manera y Arruabarrena, se fueron con las manos vacías.

Los técnicos uruguayos fueron los que lograron las últimas conquistas internacionales. Hugo Bagnulo y Oscar Tabárez en 1982 y 1987 en Peñarol, Juan Martín Mujica y Roberto Fleitas en Nacional, en las copas de 1980 y 1988.

Como reza la canción…. "uruguayos campeones, de América y el Muuundoooo"….

Brandao hizo los "mandados" y se fue.

A fines de los 60 Peñarol le confió la conducción de su equipo principal a un técnico foráneo. Fue la hora de Osvaldo Brandao en 1969, y todos sabían cuál era la función que debía cumplir el brasileño en ese plantel aurinegro: "jubilar" a los astros que habían ganado todo, tarea que no podía realizar cualquier entrenador y menos un uruguayo. Brandao hizo "el mandado", y logró el primer recambio en una generación dorada. En lo deportivo no tuvo éxito y se fue un año después de haber arribado a Montevideo.

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