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Con dos regalos del cielo
Peñarol venció a Universidad Católica gracias al arquero rivalEl sueño crece
EDWARD PIÑÓN
Alguna vez fue el milagroso Peñarol, ese que se repuso ante la adversidad y se llevó el triunfo cuando parecía que su destino estaba sentenciado. En alguna ocasión, el que jugó fue el glorioso aurinegro, el que empujó con la camiseta para marcar su presencia en cualquier cancha. En otros tiempos, supo verse al linajudo, al rebelde y hasta el arrollador carbonero. La película de ayer es distinta. El que la libretó se le ocurrió que esta vez Peñarol tenía que conseguir el objetivo de otra manera. Sorprendente, sí. Pero muy emocionante, también.
La verdad, venía bravísimo. La pelota no aparecía por ningún lado porque los jugadores de Universidad Católica la mostraban un poquito y la volvían a esconder. La dejaban ver otro ratito y la llevaban para el otro lado. Sinceramente, estaba recontra durísimo. Jugando a nada. Y con un nada más puro, porque lo único que se podía ver y valorar era la hidalguía y el despliegue de los hombres más sacrificados.
En la lucha titánica sobresalían Nicolás Freitas en el medio y atrás Guillermo Rodríguez, Alejandro González y Darío Rodríguez.
El resto regalaba la pelota en un santiamén. Cada uno de los balones recuperados eran entregados a la velocidad de la luz para los jugadores adversarios. Por nada del mundo podía anticiparse que la historia podía tener un final tan electrizante y motivador para lo que resta por venir.
¿Quién podía soñar con un regalo mayúsculo del arquero Garces? Nadie. Ni el más efusivo hincha de los que alentó desde la Amsterdam.
Pelota larga para Jonathan Urretaviscaya, excesivo control del balón, lo que generó el enojo de la afición, y centro con pocas pretensiones. Jamás podía tener algo de serio un envío que iba corto y teniendo a Juan Manuel Olivera rodeado de tres adversarios. Sin embargo, tenían razón los periodistas chilenos que en su llegada a Montevideo dijeron: "el arquero tiene problemas en el juego aéreo". ¿Problemas? En realidad no tiene ni idea lo que es salir a buscar la pelota.
Choque con un defensa, balón servido en bandeja para Olivera y a llorar al cuartito del fondo. Peñarol 1-0 arriba.
La ventaja, que por cierto podía considerarse escasa por la manera en la que los futbolistas chilenos siguieron manejando el trámite del juego, no hizo otra cosa que seguir obligando a los gallardos luchadores carboneros a regar la cancha de sudor por la defensa de un partido que parecía que podía escaparse.
La mayor tranquilidad la ofrecía la sobriedad con la que jugaron los defensas, pero también los malos caminos que terminaron escogiendo los jugadores de Católica cuando llegaron a las inmediaciones de Sosa. Con todo, Darío metió una pierna salvadora en la raya del arco cuando el empate estuvo ahí, muy cerquita.
Pero, como el partido siguió transcurriendo entre ese "me cuido al máximo" de Peñarol y "me conformo con este 0-1" de Católica, la impaciencia general proliferó en las tribunas.
Naturalmente, todo el mundo quería un marcador más amplio para poder ir a Santiago de otra manera.
En ocasiones Martinuccio se esforzó con habilidad para tratar de lograr ese desnivel y también el ingreso del "Lolo" Estoyanoff posibilitó creer que era viable una nueva ruptura del arco chileno.
Pero no se pudo. Y cuando la noche se moría, cuando la gente ya avizoraba una revancha con el corazón en la boca del primer al último minuto, llegó otro regalito del cielo.
Perdón, otro obsequio monumental del arquero Garces. Salió al borde del área para recoger un pelotazo profundo de Peñarol y se quedó con las manos vacías. El rebote lo recogió el "Negro" Martinuccio. Fantástico: 2-0. Para soñar.
5 goles lleva ahora anotados en la actual Copa Libertadores el delantero Juan Manuel Olivera.
4 partidos había jugado la Católica de visitante en la Copa, sin perder ninguno.
Una muralla humana. Ganó por arriba y por abajo. Cuando lo pasaron, se recuperó y quitó la pelota.
Una topadora en la mitad del terreno. Fue de un lado al otro marcando y quitando. Se lució.
Manejó los hilos de su equipo con seguridad en los pases. Barrió la cancha y cubrió a todos.
Ovación digital
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