JORGE SAVIA
Fue una noche de sentimientos limpios que, si acaso, "se enturbió" de golpe, cuando Sebastián Amaya, visceral y sanguíneo como de costumbre, increpó a los jurados por el fallo y, al hablar del resultado de la pelea ya en la tranquilidad del vestuario, Rafael Sosa Pintos se mostró, un "duque" como siempre, pero totalmente disconforme.
Es que, arriba del ring, cuando el árbitro Freddy Sosa leyó el fallo unánime que determinó que César Adrián Sastre Silva es el nuevo campeón uruguayo de peso superwelter, el boxeador nacidon el Cordón, pese a que vive en Argentina desde los tres meses, alzó los puños vendados al cielo, en forma espontánea, de un solo impulso, y gritó "¡Uruguay nomá`!", como cualquier otro compatriota cuando el ghanés erró el penal en Johannesburgo.
Además, pocos segundos más tarde, fue el propio Sosa Pintos el que, con la actitud propia de un caballero, le calzó el cinturón de campeón al rival victorioso.
Las nubes de la duda, y mucho menos de la polémica. no se avizoraban en el horizonte de la velada del Goes donde, donde mientras aguardaban la decisión, ambos púgiles se pasaron conversando como dos amigos que se conocían desde hace mucho.
Todo hacía suponer que en esa charla, por ejemplo, el diestro le había confesado al zurdo -¡cuándo no!- que lo había atacado casi toda la noche, pero muy pocas veces encontró la medida y la posición justas para descargar sus golpes, y que se había dado cuenta que hasta el sexto round, por lo general, su rival lo había anticipado, punteando con el recto de derecha con el que descargó el uno-dos con rapidez en varias ocasiones, y enseguida se había agachado, había girado y salido de la zona de fuego, o se le había ido encima y lo había trabado, no permitiéndole sacar las manos y acumular puntos.
Sin embargo, se ve que no fue así. Es cierto, del séptimo asalto para adelante, algo cansado y sin el aire y la potencia de los anteriores, mientras desde el rincón el experiente Julio García le gritaba "¡tirá que se viene, Adrián!", y hasta le exigía "¡llegá también con esa!", después que hubiera punteado con la derecha sin frenar al salteño, que estaba tan entero y fragoroso como de costumbre, Sastre Silva se manejó casi exclusivamente con la parte redactada al límite del reglamento en el código no escrito de los zurdos, y agarró y trabó, aunque antes no hubiese descargado un golpe.
Igual, si ese último tramo de la pelea resultó enredada -por culpa del retador- y pareja, en la parte anterior, entrando y saliendo, pegando y disparando o agarrando, Sastre Silva hizo una diferencia como para manotear la corona.
"Yo creo que ganamos", comentó Julio García en el camarín, y reveló que, en el ring, "el pibe (Sosa Pintos) me dijo que no lo había encontrado (a Sastre Silva), que no pudo".
Es lo que creyeron ver los jurados. Pese a la bronca de Amaya y del desánimo del campeón destronado, que fue lo único que -comprensiblemente, el boxeo es un deporte de apreciacion subjetiva- "enturbió" una noche de sentimientos límpidos, como la que se vivió en el Goes.
Fallo dividido
"Lo hice pasar de largo muchas veces"
"¿Se acuerda? Le dije: `Vengo a buscar la gloria`; y la encontré, gracias a Dios. Fue muy pareja, pero yo metí más piñas y lo hice pasar de largo muchas veces. Yo vivo en Buenos Aires, no tengo gente a favor, no soy local. Las veces anteriores que vine, pelié muy atado, no saqué muchas manos". (César Sastre Silva)
"Creo que la gané; con esto mataron el boxeo"
"Yo la ví pareja, y creo que la gané. Por poco, pero creo que la gané. Hice más méritos por la pelea, él trató de que yo no le pegara. Tocaba con la derecha en punta, cachetazos, pegaba en los guantes. Cada uno tiene su criterio, ya está; pero...yo creo que con esto mataron el boxeo". (Rafael Sosa Pintos)