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DEL DEPORTE URUGUAYO
SILVIA PÉREZ
A las cinco de la mañana de la víspera el enorme corazón de Dante Iocco se detuvo. Ya hacía tiempo que se quería ir con su Dios, ese que veneraba desde sus épocas de niño, cuando era monaguillo en la iglesia de la Aduana.
Sus restos fueron velados en la empresa Previsión por la mañana y en la sede de Nacional pasado el mediodía. No hubo divisas ni colores. Representantes de todos los ámbitos se hicieron presentes en el velatorio para despedir al gran referente de la sociedad y acompañar a sus familiares: su hijo Gustavo, sus nietos Micaela y Dante Juan y su nuera María del Carmen.
"¿Dónde se consiguen claveles blancos?", preguntó una hincha de Nacional que quería colocarlos sobre el féretro del presidente campeón. Estela, una funcionaria del club no se movió nunca de su lado. Las coronas eran muchísimas, pero fueron reservadas para llevarlas al Palacio de Cristal. Sólo dos estaban ubicadas junto al ataúd: una de Nacional y otra de la Asociación Uruguaya de Fútbol.
Arturo y Héctor Del Campo, acompañados por su madre, Helena, y dos de sus hermanas, se hicieron presentes para despedir a quien fuera el gran amigo de su padre. "Dante es de esas personas en las que uno buscaba un consejo dentro del fútbol. Era como tener a mi padre. Lo quería mucho, pero además era un referente. Dante ennobleció la labor del dirigente de fútbol", dijo Arturo del Campo.
Dos de las hijas del contador José Pedro Damiani, Verónica y Magela, estuvieron presentes. "Papá siempre decía que Iocco era su amigo, por eso vinimos a decir una oración por él", dijo Magela.
Cuando el cortejo fúnebre llegó a la sede de Nacional, "OJ" Morales y Mauricio Victorino esperaban afuera en representación del plantel principal. Ambos cargaron el féretro. "Siento una tristeza enorme por lo que significa Dante Iocco para el club. Uno de los íconos más importantes de la historia de Nacional. Dejó de existir pero sabemos que siempre va a estar presente", dijo "OJ" Morales, el capitán. "Ojalá que el domingo podamos lograr la victoria para dedicársela a él", agregó.
Julio César Abbadie, una gloria de Peñarol, sorprendió a muchos de los presentes. "Vine a despedir a un deportista y a una gran persona, de las que no se encuentran todos los días. Era un gran ser humano, por eso vine a saludarlo. Sé que me está escuchando", dijo y se excusó porque no podía seguir hablando.
Iocco abandonó por última vez la sede del club de sus amores rodeado de un cordón formado por los jugadores de todas las divisiones menores. Los juveniles lo despidieron con un emotivo aplauso.
Iocco tuvo mucho que ver con mi carrera, por eso estoy acá", dijo el ex arquero Rodolfo Rodríguez. "El fue muy importante para toda una generación. Fue un gran dirigente, de esos que aparecen de vez en cuando. Sentimos un gran dolor, pero está mezclado con la alegría de haberlo conocido y habernos apreciado mutuamente", agregó. "El fue el padre de nuestra victoria de aquel glorioso año 1980, porque todo nace de una buena cabeza que da tranquilidad al resto para que pueda hacer lo suyo. Don Dante nos transmitió eso. Su cabeza y su honestidad fueron fundamentales para que aquel año fuera glorioso para el club. Y después que pasó el tiempo nació entre nosotros un gran cariño y una gran amistad", dijo Rodolfo.
La sede de Nacional estaba llena de coronas. De Liverpool, de Danubio, de Defensor Sporting, y una de las más grandes, confeccionadas con totalmente con flores amarillas, era la de Peñarol. También se hicieron presentes de esa manera "Cafo y la Comisión de Amigos del Museo del Fútbol" (que Iocco presidía), "Héctor Olmos y familia", "Amigos de Nacional de Malpica, España"; "El País", "Francisco Casal y Familia", "Club Cabrera", "Funcionarios de Nacional", "Plantel Principal y Cuerpo Técnico de Nacional", la Mutual de Jugadores, etc, etc.
Juan Pedro Damiani estaba en Buenos Aires y aunque quiso adelantar su vuelta no pudo. Sus dos hijos mayores, Juan Antonio y José Pedro, estuvieron representándolo.
Santiago Ostolaza no fue jugador durante sus dos presidencias pero lo conoció en Impasa cuando él cuidaba a su esposa y Iocco estaba internado. Compartieron largas charlas.
"Fue el padre de la victoria. Un hombre bueno y honesto. Un referente para los jóvenes dirigentes", dijo Wilmar Cabrera que fue con Ricardo Perdomo.
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