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Julio Ribas
"Sería muy mediocre vivir sólo para ganar cada fin de semana"
PUNTA DEL ESTE | JORGE SAVIA
Ayer, después del almuerzo, el entrenador aurinegro mantuvo una charla de casi tres horas con Ovación en el apartamento donde se alojó durante toda la semana en el complejo turístico de Solanas en Punta del Este. Analizó el momento que vive Peñarol y habló a fondo de su pasión: el fútbol. Por ejemplo, comentó: "Hay quienes dicen que Boghossian y Balsas no puede jugar juntos"; y se contestó a sí mismo: "¿Como no van a poder? ¡Pueden! Lo que pasa es que hay que armar el equipo y hacerlo jugar de determinada manera; para eso. Es el trabajo del técnico".
-Hubo unas cuantas bajas y hasta ahora sólo dos refuerzos; ¿eso lo tiene preocupado?
-No, no, no. No me tiene preocupado, me tiene ocupado. Nosotros sabíamos que muchos contratos de muy buenos jugadores no se iban a poder renovar, por cómo se había planteado la filosofía económica y deportiva del club para este proyecto que empezaba cimentándose en los juveniles con Víctor Púa, y comenzamos a trabajar a partir de eso. Por supuesto, en un fútbol uruguayo que depende de los calendarios y del mercado de otros países, concretar eso no es fácil.
-¿Es rezongón con la dirigencia por los refuerzos, o se arregla con lo que tenga o le traigan?
-Acá se trabaja con un criterio. No se trata de ser exigente, ni complaciente ni enojado. Acá se trabaja tendiendo a la excelencia, pero para el momento que vive Peñarol; y punto.
-Una cosa es ascender juveniles para que vayan teniendo contacto con los grandes y otra traer un montón de botijas a hacer los trabajos de pretemporada. ¿Eso supone que van a jugar en Primera ya este año?
-Yo, y sus propios compañeros de Primera División, tenemos mucha confianza de que hay muchos de ellos que van a tener su oportunidad. Pasó antes: Gastón Ramírez es un jugador que estaba ahí, volvía de una lesión, sin pretemporada, sin nada, y yo un día le dije: "Vas a jugar contra Defensor". Y jugó. Ramis, igual. Sebastián Sosa, también.
-Lo que pasa es que Peñarol, con esos y otros jugadores viene de conseguir malos resultados.
-Cuando a uno le encanta la historia deportiva y trata de conocer la de su club, ve que los mejores momentos de Peñarol a nivel continental, como en el 82 y el 87, por ser los ejemplos más cercanos, siempre estuvieron basados en un fuerte componente que provenían de las formativas de Peñarol. Viniendo de momentos terribles.
-Usted habla de un proyecto, pero un club como Peñarol precisa resultados a corto plazo.
-Yo firmé para desarrollar un proyecto de tres años; para que Peñarol vuelva ser lo que era en otro momento y eso estamos trabajando. Ahora, si mañana, o en dos o tres partidos, hay quien quiere cambiar…bueno, eso es aparte del trabajo que estamos realizando.
-Está bien, si acaso el dirigente puede esperar el desarrollo del proyecto; pero…¿y la hinchada?
-Son dos cosas diferentes. Uno firma el contrato y debe abocarse al trabajo del contrato que firmó. Punto. Yo no puedo estar mirando para el costado si ese contrato va a durar tres años, dos años, un año, o tres días. Tengo que trabajar consustanciado en lo que se proyectó. En cuanto al otro tema, el de la hinchada, es claro que lo que le importa es poder vivir la felicidad del fútbol que es ganar campeonatos. Y en eso no se trata de tener que convencer a la gente ni nada. Se trata de decisiones. Si uno decide ser médico, evaluó que le lleva 6 años ser médico, y capaz que en esos 6 años van a pasar mil cosas; buenas, malas… pero al final se obtiene el título. En esto del fútbol, cada vez más, si el concepto prioritario es tener una institución fuerte y estructurada, para eso dé paso a un poderío deportivo, ese club debe realizar determinadas cosas que si no las realizó las tiene que realizar hoy, porque no se pueden posponer para mañana.
-Pero… ¿eso supone que para lograr un título, hay que esperar que se cumpla todo el proyecto de tres años?
-En fútbol no hay nada escrito. No se puede decir: "Mañana voy a lograr un título". O "voy a salir campeón dentro de tres años". Eso es un error. Prometer, ¡no! Uno tiene que trabajar con determinadas pautas. Si uno está convencido que ese es el camino, ¡ese es el camino y se acabó! Yo sólo puedo involucrarme con lo que depende de mí. ¿Qué depende de mí? Cada día de trabajo. Si algún día ese trabajo se corta, será por decisiones de otras personas que, a su vez, también evaluaron el camino que tenían que seguir. Eso es bien claro y determinante.
-Pero hay otros entrenadores, que tienen otra filosofía distinta a la suya, que pueden salvarse si no logran resultados; usted, en cambio, que es un técnico resultadista, está atado de pies y manos a los resultados.
-Yo, primero que todo, me trazo objetivos. Me trazo un objetivo grande. Sería muy mediocre vivir sólo para ganar cada fin de semana; que para mí sería maravilloso, brutal… pero yo primero me trazo un objetivo, como el que decía de la carrera de un profesional: quiero llegar a ser doctor; y durante el camino para ser doctor voy a tener triunfos y voy a tener derrotas. Voy a salvar y a perder exámenes, pero lo fundamental es que llegue al objetivo. En mi vida siempre me tracé objetivos. Cuando fui a Sud América, Bella Vista, Liverpool y Juventud, que junto con Peñarol son los 5 equipos que dirigí en Uruguay y en los 5 fui campeón, no dije: "Soy resultadista y voy a ganar el domingo". No entro en esa mediocracia. Como tampoco acepto a aquel que me diga: "No me importa ganar, lo que me importa es jugar". Los que estamos en el fútbol sabemos que eso no existe; ¡pero ninguno de las dos existe, porque son dos extremos!
-¿Y cuál es la verdad, entonces?
-Lo que existe es tener un objetivo y transitar el camino para lograrlo.
-¿Y el objetivo en este proceso de Peñarol no es ganar un campeonato antes que nada?
-El objetivo acá pasa por muchas áreas. Por algo Peñarol ha estado sin salir campeón durante seis años. Y pasaron 9 técnicos y 150 jugadores. ¿Es tan fácil que eso se cambia ganando un campeonato? Eso es equivocado. Lo que ganás saliendo campeón, que es maravilloso y lo más importante que puede pasar en fútbol, es mejorar las sensaciones; pero lo de fondo, la esencia, no se cambia.
-En lo que lleva en Peñarol, ¿hay algo que no volvería a hacer?
-De las decisiones fundamentales, ninguna. En el acierto o en el error, hice las cosas convencido. Ahora, en lo otro, como cuando un jugador dice: "¿Por qué la pasé para la derecha y no para la izquierda?". Bueno, uno se exige, es autocrítico: "¿Por qué no puse a aquel jugador? ¿Por que no hice este cambio?" Es un juego obligatorio que debe hacer cualquier entrenador que quiera ser un triunfador. O sea que, en las cosas esenciales, no cambiaría nada; en las otras, en las del día a día, ¡podría decir que hay muchas cosas que las haría diferente! ¡Claro!"
"Se retiró conmigo de entrenador y después empezó dirigiendo a Sud América; yo pedí que lo dejaran a él como técnico".
Cavallero. "No me interesa. No es que no contesto. No hablo. Ni me interesa. No hay agregados. No esperen más nada. No me interesa".
Títulos. "En Uruguay, los jugadores me hicieron ganar 14 campeonatos y 8 de ellos, más del 50%, fueron en forma invicta".
-¿Por qué se le jugó con Diego Alonso? Es un refuerzo que no tuvo unanimidad en la dirigencia.
-Durante 8 o 9 años Peñarol ganó 6 títulos y fuimos sólo 3 entrenadores. Y los jugadores siempre se adaptaron. Es algo que no pasa por la filosofía del entrenador, sino por la que debe tener el club. El entrenador que llega a Peñarol sabe que debe manejar su impronta, pero sabe que hay una historia forjada con determinadas premisas que son inalterables, intransferibles. Acá hay hombres como Darío Rodríguez, Gonzalo De los Santos y Pacheco, que conocen muy bien todo eso; y Alonso está en ese grupo selecto de jugadores que captan rápidamente lo que significa la historia de Peñarol para ejercer un liderazgo deportivo con los más jóvenes y los que vienen de afuera.
-¿No aceptó que Bengoechea y Morena controlaran todo el fútbol de Peñarol?
-No se trata de quién manda más. El poder no lo da el cargo. La posibilidad de influir en una organización o en los jugadores se gana. No es esa la discusión; y menos en el caso de dos ídolos como Bengoechea y Morena. Ellos venían para cumplir un rol definido. y los que cumplen ese rol deben actuar en áreas concretas. Se trabajó igual con Eduardo Pereira, que lo hizo en forma excelente, y nadie habló nada de eso. No sé si hubo dudas, confusión o lo que fuera. Con Bengoechea y Morena estuvimos reunidos en el estudio de Damiani proyectando todo lo que se debía hacer y después Pablo me llamó para decirme que no estaban dadas las condiciones dadas para llegada de ellos.
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