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SIN PELOS EN LA LENGUA por J. Da Silveira
Estudiantes terminó con el sueño de Nacional de ganar de nuevo la Libertadores. La caída frustró la ilusión de los hinchas tricolores que dieron un espectáculo en las tribunas.
Más allá de los méritos de haber llegado a esa instancia, creemos lógico el desenlace. Nacional defendió mal y jugó muy poco en ofensiva. Así no era posible llegar al objetivo de lograr la cuarta Copa.
Dentro de los méritos cabe destacar la entrega de los jugadores. Este es un buen grupo, liderado por dos veteranos de disímiles caracteres, O. J. Morales y A. Medina. Éste fue un símbolo. Alentó siempre a todos y fijó ese objetivo de ganar la Copa que al principio pareció quimérico.
Uno de los debes fue la irregularidad. Hubo partidos muy buenos pero también malos como los de estas semifinales.
Nacional no trasmitió seguridad en defensa. Hubo errores graves que costaron goles y pudieron pagarse más caro de no ser por la labor de Rodrigo Muñoz.
En el Centenario fue un equipo estirado, que dio espacios para que el rival jugara, casi no anticipó, dejó recibir, marcó mal y cometió faltas ingenuas.
En ofensiva ni siquiera acertó en las jugadas de pelota quieta. Fue una pena porque cuando en el segundo tiempo acá se lanzó a la ofensiva, con desorden pero con decisión, creó seis situaciones de gol. No entendimos la inclusión de Mondaini como titular.
El equipo nunca mostró buen funcionamiento, dependió de individualidades. Muy pocas rindieron bien el miércoles. Por eso no se pudo. Una pena.
Ovación digital
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