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SILVIA PÉREZ
Horacio López conocía a Rodrigo Núñez, el joven asesinado de una puñalada el viernes pasado, desde que era un niño pequeño.
En el año 1999, "Tato" estuvo al frente de la escuelita de basquetbol de Aguada, donde brindaba clases a niños y niñas desde los cinco años en adelante. Allí, tuvo como alumno a Rodrigo y también a sus hermanos. Es más, conmovido, López concurrió al velatorio del adolescente.
"Tuve a los tres hermanos, a Nicolás, a Rodrigo, el del medio, y a Joaquín. Y por supuesto conozco a la madre que venía todas las mañanas con ellos. Los Núñez y los Minos eran `las familias` de la escuelita. Siempre venían los padres y los abuelos a buscarlos. Estamos hablando de una familia tipo uruguaya, no de un chiquilín de esos con desventajas", relató "Tato".
"Es un hecho muy lamentable, un hecho sin consuelo y eso lo dice todo. Me costó mucho aceptar la situación y después empecé a pensar hacia atrás y hace un año hubo un aviso porque hubo un chiquilín de Bohemios que estuvo internado diez días en el CTI. O sea que ya habíamos tenido un aviso de que esto podía suceder y de que la mayor tragedia del deporte nacional y del basquetbol latinoamericano, venía en camino. Creo que cuando se equivocan los que tiene la gran capacidad de hacer, en este caso la Federación, es muy difícil. Se llevó a dos equipos a jugar a una cancha, porque supuestamente allí se iba a poder manejar la situación y lo que hicieron fue involucrar a un tercer club. Así es muy difícil que las cosas salgan bien. Mientras lo obvio no se haga, no hay ninguna posibilidad que las cosas salgan bien. Si salen bien, es simplemente porque tuvimos suerte", agregó a Ovación el ex basquetbolista.
"No creo que se trate solo de un problema social, a pesar de toda la pobreza, de la exclusión y de que hay un problema de drogas, unas drogas que te empujan a delinquir. Pongo el ejemplo de mi club, de Bohemios. Si después de un partido había lío nos juntábamos más tarde en la cantina y se discutían las responsabilidades. Si no había ninguna, no pasaba nada y el que se tenía que poner hielo en la cara se lo ponía. Pero si había alguno que hubiera provocado el problema, ahí mismo se le decía que no viniera más", contó.
"Yendo al basquetbol, creo que tampoco es tan complejo. Si un menor de edad en un centro de estudios se levanta e insulta, se lo saca de la clase. Lo mismo pasa en el cine, en el teatro, si alguien se levanta a insultar a un actor, lo echan. ¿Por qué en una cancha de basquet o de fútbol se puede hacer todo lo que no se puede hacer en otro lado? Yo no permito que insulten en mi casa, ni insulto cuando voy a la casa de otra persona. Puede parecer básico, pero yo creo que un insulto amerita a que una persona sea retirada de una cancha. Y es posible, si no basta con mirar hacia Inglaterra", explicó López.
Y para reafirmar que se puede llevar a la práctica, contó lo que sucede en la comparsa "La Figari" donde él toca el tambor. "A veces llega alguien y pide para tocar, se lo acepta enseguida y se le da el mejor lugar, pero si un día esa persona llega con los ojitos un poco chinos, o borracho, al final se lo llama aparte y se le pide que no vuelva. Lo mismo si uno de esos `nuevos` le dice algo a una de las bailarinas. Se le habla, se le explica que ninguno de nosotros se mete con nadie y tranquilamente se le pide que se vaya".
Hace ya tiempo que López pregona, desde los diferente ámbitos en los que le ha tocado actuar, ya sea en medios de comunicación o dentro de la propia Federación, que "no puede haber un deporte sin violencia si cada institución no controla lo que sucede en su microsociedad. Es imposible. Si hay un club cuya interna es controlada por los violentos, o por la gente que tiende a hacer problemas, siempre va a haber inconvenientes donde compita. Y eso va a generar líos con las otras instituciones", dijo.
"Por lo general, es una lucha interna por los espacios dentro de un club, que a su vez tienen conflictos con los de otras instituciones. Llevando el tema más a lo macro, creo que eso es lo que ha sucedido a nivel familiar, barrial, vecinal y de clubes. El fútbol es un deporte que prácticamente ya ha sido tomado, ya no es un deporte de las familias. La gente no violenta ha perdido sus espacios, los ha cedido. Ha dejado de dar lucha, de pelear, por ciertos valores", enfatizó López.
"Por otra parte hace años que el basquet uruguayo vive una situación de violencia silenciosa entre el presidente de la Federación, Castillo, que es el segundo de Bordaberry, y Casada, el asesor del presidente Vázquez. Están en una lucha personal en lugar de sentarse a solucionar cosas como esta", finalizó.
"Hay que asumir que las generaciones que educaron a los jóvenes de hoy han fallado. Han fallado en dar mensajes claros, en valores y en poner límites claros".
Ovación digital
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